Pedro Serrano – Se vienen los robots

Hoy en día una capa cada vez mas extensa de las sociedades humanas terrícolas, con agua, alimento, cobijo y acceso a la información en niveles de bienestar interesantes, dispondrán de modo creciente del único bien invaluable para la humanidad: tiempo. El tiempo se puede convertir en algo diferente al dinero y más acorde con los potenciales de nuestras mentes creativas, innovadoras, ansiosas de conocimiento. Los robots podrían terminar en menos de un siglo con el concepto actual del dinero, el salario o el trabajo físico industrial.

Venden en todas partes unas pequeña aspiradoras autónomas, que en un tiempo corto, autónomamente, se graban un mapa de la planta de la casa, reaccionan a los cambios de volúmenes y se recargan solas cerca de un enchufe común doméstico. Aun caras, pero interesantes para una casa minimalista relativamente ordenada. Igualmente Google Uber y otros están sacando el auto eléctrico autónomo, sin chofer.

En el noreste argentino una máquina multipropósito, muy parecida a la aspiradora, pero enorme, se aprende de memoria las 400 hectáreas de un campo de soya y solita cultiva, mantiene y cosecha, sin equivocarse ni descansar. Trabaja día y noche, auto carga combustible (pronto serán eléctricas renovables sin carbón), se guarda sola y avisa cuando necesita mantención en sus orugas, en sus brazos o si le falta aceite.
Un solo operario, que pronto será robótico, hace estas pequeñas tareas para las cuatro máquinas que atienden las 2000 hectáreas del predio, usando su tino (única ventaja) y pequeñas herramientas computadorizadas. Eso es hoy en 2018. De alguna manera Argentina produce comida para 440 millones de personas al año (FAO 2017), y puede que produzca más en el futuro cercano.

En la UTFSM estudiantes de primer año, usando una raspberry básica (minicomputador muy barato) y un sensor de humedad inventaron una app. (aplicación) que te avisa en el celular cuando la planta necesita agua (curso introductorio del profesor Werner Creixell). Sansanos (gentilicio de la Universidad Técnica Federico Santa María) titulados, tienen un emprendimiento comercial que, usando los mismos sensores de humedad del suelo y sistemas inalámbricos de transmisión de datos, activan los riegos tecnificados, cuando el sembradío necesita riego, avisa vía celular a los dueños en la parte del planeta en que estén, llevan la estadística, pueden manejar riego eficiente, con software adecuado de miles de hectáreas.

Con estas dos historias reales y contemporáneas, varios centenares de personas, con poca y mala educación, de pala, sandalias y rastrillo, se quedaron sin trabajo. Todo un drama no resuelto en nuestros campos. Pero pareciera inevitable que hacia allá va la tecnología. Sumando la evolución rápida de estos sistemas, parece que una buena parte del proletariado campesino planetario está siendo expoliado de su inquilinato (nunca fue su territorio en propiedad) por las máquinas.

Igual ha sucedido en las grandes fábricas de automóviles de hoy: los robots, las programaciones de computación sobre líneas de montaje de partes y piezas, también de producciones robotizadas, impresión 3-d y etc., han bajado dramáticamente de 100 operarios manuales a 5 operarios manuales digitales, uno de los cuales es supervisor de la línea. Y trabajan sólo 5 horas por turno. Y los autos se multiplican, salen más rápido y precisos.
La impresión 3-D de tamaños mayores, está permitiendo imprimir con hormigón y plásticos, incluso metales, casas y partes de edificios, La robótica aplicada a la construcción, la factura de caminos y obras de infraestructura está en marcha. Y es lo que va a permitir que robots establezcan de modo autónomo y previamente los refugios y condiciones de sustentabilidad para la vida de los primeros humanos en Marte.

Es muy difícil saber que va a pasar a futuros cercanos, y lo que pasa hoy en día está pasando muy rápido. La humanidad no se había enfrentado antes a procesos tan rápidos, muchos de los cuales están encriptados bajo memorias de inteligencia artificial, capaces de operar y auto operar cambios en microsegundos…

Las extrapolaciones

El tema de fondo aquí, es que cada vez que algún iluminado histórico ha proyectado el futuro de la humanidad a partir de su situación actual, suele fallar por que multiplica o extrapola las situaciones por el conocidas y por supuesto, no sabe que hacer con aquellas que ni se imagina, en un campo que es realmente complejo. Por ejemplo, para tomar algo reciente, Silvia Federici, pensadora y feminista de renombre, en su libro ‘El Patriarcado del Salario’ hace una crítica a Karl Marx: “Una de las consecuencias de su incapacidad para ver más allá de la fábrica y entender la reproducción como un área de trabajo (y de trabajo sobre todo femenino) es que no se dio cuenta de que mientras escribía El capital se estaba desarrollando un proceso de reforma histórica que en pocos años llevó a la construcción de la familia proletaria nuclear”.

Don Carlos, nacido en 1818, nació y se crió en una cultura donde las mujeres, culturalmente encarceladas por la religión, la ley y los hombres, cumplían con su rol reproductivo. El trabajo domestico y la crianza no era considerado un aporte al modelo. Las mujeres, sin derechos políticos ni siquiera de educación e incluso, aun tenían problemas con ser inteligentes, y según la religión, tener o no derecho a un alma. Tampoco imaginó don Carlos que la humanidad llegaría a los 8000 millones de seres humanos y que el proletariado industrial estaría al borde de desaparecer.

Ya hacia 1798, Thomas Robert Malthus lanzó postulados catastrofistas respecto de la población humana “Ensayo sobre el principio de la población, en cuanto afecta a la mejora futura de la sociedad”. Decía que la población crecía de modo geométrico y la subsistencia sólo de modo aritmético. Por lo tanto la catástrofe anunciada para el futuro lleno de gente superaba las actuales películas de negros desastres. EEUU entraría en quiebra al llegar a los 30 millones de humanos. (en 2018 son 320 millones)

Pues no pasó así, el crecimiento planetario fue hasta 1985 cercano a lo logarítmico y la subsistencia o producción de alimentos creció aun más rápido. Hoy en día con 8000 millones de bocas humanas, los terrícolas producen y extraen y malreparten mas alimentos que los necesarios. Dos datos numéricos: la suma de cultivos mas extracción de peces mundial en 2016 (FAO) fue de 171.000.000 de toneladas, algo así como 24 kilos anuales de pescado por cada humano vivo. Por otro lado, según la misma fuente, Argentina produce en 2017 comida para 440 millones de seres humanos y ellos son sólo 44 millones.

Lo que no imaginó ni tomó en cuenta Malthus, ni todos los que lo succedieron, fue algo que los analistas sociológicos suelen olvidar en el tiempo: la tecnología, la tecnología humana evoluciona miles de veces mas rápido que la evolución de la especie.

Por ello, el simple expediente de hacer matemáticas apocalípticas para adelantar futuros, falla como metodología. El modelo capitalista de mercado hoy en día tiene a la humanidad sumida entre los dueños del capital, los que consumen, los prosumidores (los que producen y consumen)y los que no tienen acceso al consumo. Por otro lado están los países que manufacturan y transforman materias primas tomadas de países sometidos comercial y políticamente que, para tener dinero, mal repartido internamente, venden baratos los ladrillos de su propia casa.

Otras cosas también cambian y se aceleran. Haré aquí una reducción, y pido perdón por ello, bastante brutal: Los esclavos trabajaban día y noche hasta morir, sin derecho alguno, mal alimentados hasta el agotamiento, trabajo casi 24/7. Luego los esclavos dejaron de ser abundantes y baratos, hubo que protegerlos, ayudar a su reproducción, alimentarlos mejor, que descansaran un poco, fueron un bien de producción costoso, sin sueldo, sin alma y sin derechos.

Las revoluciones sociales, los avances tecnológicos y políticos de la revolución industrial terminaron, (casi) con la esclavitud en el planeta. Aparece entonces una nueva clase, sometida a una reducida clase dominante, propietaria de la tecnología y los bienes de producción, con religión, armas y leyes en sus manos, dueña del salario. Hubo una norma desde 1496 en Gran Bretaña, según la cual la jornada de trabajo de los obreros duraba como máximo 15 horas: desde las 5 de la mañana hasta las 8 de la noche. La mujer, como reproductora de mano de obra pasó a tener un lugar fundamental en el ordenamiento productivo, prisionera de 8 hasta 16 hijos (mi bisabuela). Pero los proletarios tenían salario un poco mejor, más derechos, trabajando hasta 15 o mas horas al día y algo de educación. Nace el proletariado industrial.

Curiosamente, la nueva clase se dio cuenta que un operario agotado producía cada vez peor, para nosotros hoy pareciera lógico, pero por mucho tiempo no se dieron cuenta. En 1817 Robert Owen, un empresario reformista, socialista utópico británico, propuso el 888, 8 horas de labor, 8 de recreación y 8 de descanso, pero le fue mal. Recién en 1848 los franceses, revolución de por medio, llegaron a la jornada de 12 horas.

Finalmente en 1886, 1ero de mayo para ser exactos, Sindicatos en EEUU propusieron luchar por la jornada de 8 horas. Ya en 1917 la constitución mexicana establece la jornada de 8 horas… y así, llegar a las 8 horas de hoy día no fue nada fácil, corrió sangre por ello. Reino Unido las acordó recién en 1950.

En las salitreras chilenas, lo trabajadores operaban durante 12 horas, 10 de trabajo continuo estricto y 2 de traslados. Hoy en día un operario santiaguino trabaja 8 horas supervisadas y se traslada ida y vuelta en 2 horas, pasa mínimo 10 horas en torno al trabajo.

Hoy en día, desde el 2000 en Francia y Reino Unido la jornada es de 6 horas. Dos siglos de conflictos para pasar de 15 a 6 horas. Lo interesante es que de acuerdo a la bibliografía, los PIB respectivos aumentaron, y la productividad por hora de trabajo subió 20 veces en 100 años (Maddison, OCDE 2011).

Lo que sucedió no fue que a la nueva clase se les ablandara la codicia. Si no que estructuralmente aceptaron las propuestas, huelgas, tiroteos y elecciones de por medio, debido a que, nuevamente, la TECNOLOGÍA había evolucionado de tal manera que las operaciones extractivas y productivas rentaban más y mejor con menos trabajo humano.

Igual en Chile de hoy, cuando alguien propone un feriado trabajador, o disminuir las horas de jornada obligatorias, las entidades que representan el sector empresarial ponen el grito en el cielo, rasgan vestiduras, cuantificando las horrorosas e irrecuperables pérdidas potenciales.

En países como el nuestro, 2018, el pequeño desarrollo local y adaptación de tecnologías foráneas ha aumentado la productividad per cápita notablemente, generando una enorme perdida de los empleos, por así, decirlo clásicos. Con mayor inversión tecnológica y menos pagos de sueldos, la producción aumenta igual. Esto en las últimas décadas ha provocado crecimiento económico sostenido y una crisis para todos los gobiernos.

Se han desarrollado básicamente 2 soluciones: engordar el sector servicios y fomentar el auto empleo, la famosa innovación, más desarrollo y emprendimiento tan de moda hoy. Según Fundación Sol, al 2017 el 48,6 % de los ocupados está en el sector formal y el 51,2 en el sector informal en categorías como: “independiente encadenado, cuenta propia no profesional, familiar no remunerado, dependientes periféricos, asalariado desprotegido” y etc. Si las cifras midiesen sólo el empleo formal el desempleo real chileno sería un impresentable 52%

Lo que perece chocante en los datos, es que a pesar que el sector productivo formal gana cada vez mas dinero y el PIB sigue subiendo a pesar de todo, mas de la mitad de la población chilena está en empleo precarizado. Candidatos todos y todas a pensión solidaria miserable.

Algo está pasando aquí con el modelo de mercado y la codicia insaciable, que ha generado en una sociedad con brechas intolerables, que se reflejan en educación y salud y vivienda. Curiosamente, hasta el más precarizado se siente de “clase media” por consumos mas bien simbólicos(zapatillas, comida chatarra a veces, Tv pantalla plana, auto usado, todos de producción robótica además)

Ahora volvamos a los robots…¿ no será que la jornada laboral debiese ir bajando a 6, 5, 4, 3 horas al día y los robots subiendo su jornada productiva a las 24 horas 7 días a la semana?. Pues no sabemos, solo podemos especular.

El mercado funciona cuando la gente consume los bienes producidos, puro extraer materias y producir bienes sin consumidores que den vuelta el sistema ya conocido no marcha. Los Robots y la inteligencia artificial, esa que les permita un grado de razonamiento y toma de decisiones creciente, podrían llegar a producirlo todo y el PIB se iría a las nubes sin trabajadores industriales ¿y el salario?. Por supuesto este es un escenario extremo, pero debemos reconocer que es posible, con energías renovables hiper-abundantes y eficientes ¿a donde podemos llegar?. Me cuesta imaginar, pero independiente de esta especulación, es muy probable que las jornadas laborales disminuyan y los días festivos para los seres humanos comunes aumenten.

Sería una oportunidad fantástica para mover paradigmas, negar la negación del ocio, una doble negación, que nos lleva al ocio como ocupación humana en aumento. Aumento de las artes, la ciencia, la lectura, la exploración del espacio, las matemáticas y la filosofía, el turismo, la protección (robótica) del ambiente, el juego, los deportes, la risa, el baile.
La conquista del fuego permitió a nuestros ancestros tener tiempo para mejorar sus herramientas, iniciarse en las artes, la música, el lenguaje y el pensamiento abstracto. Cada cierto tiempo en la historia, un pueblo logra cierto estado de bienestar en su gente, en especial sus elites y surgen los avances en la civilización, las edades brillantes, los avances de la filosofía, ciencia y la tecnología, los avances de la cultura y sobre todo de la buena educación para mas humanos.

Hoy en día una capa cada vez mas extensa de las sociedades humanas terrícolas, con agua, alimento, cobijo y acceso a la información en niveles de bienestar interesantes, dispondrán de modo creciente del único bien invaluable para la humanidad: tiempo. El tiempo se puede convertir en algo diferente al dinero y más acorde con los potenciales de nuestras mentes creativas, innovadoras, ansiosas de conocimiento. Los robots podrían terminar en menos de un siglo con el concepto actual del dinero, el salario o el trabajo físico industrial.

Considerando además, que con un gran aporte de la ciencia, la informática y los robots, nuestra esperanza de vida pudiese aumentar mas allá que los pronósticos de la AFP local. Podríamos desarrollar utopías sin fin. Pero prefiero no extrapolar.

Independiente de lo anterior, que los robots se vienen, pues se vienen. Aprieto clic y una máquina robótica me escribe todo, letra de imprenta, del color que quiera, en un papel y lo puedo leer, rayar, compartir, almacenar en memoria digital, transmitir en tiempo real a cualquier punto del planeta. Un robot, incorporado en el software, me corrige la ortografía y la gramática, incluso, con cada vez menos fallas, puede transcribirlo a un centenar de idiomas que yo no conozco.

Pedro Serrano R.

Director Unidad de Arquitectura Extrema, UTFSM. Presidente de Fundación TERRAM para el desarrollo sustentable. Socio del Foro de Altos Estudios Sociales Valparaíso.


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