Una economía libre de carbono en América Latina puede aliviar el desempleo y construir un futuro más sostenible

Una transición justa a cero emisiones netas de carbono puede corregir los efectos económicos y sociales adversos de la crisis mundial del cambio climático y, al mismo tiempo, ofrecer una oportunidad para crear empleo, abordar la desigualdad e impulsar un crecimiento inclusivo en la región. La devastación de la crisis actual del COVID-19 ha permitido a hogares, empresas y gobiernos a replantearse cómo se conecta el entorno natural con sus economías y sociedades.

PNUD – Giulianna Camarena / La comunidad Chullpia en Perú ha desarrollado paneles solares para suministrar electricidad en los proyectos de irrigación.

La transición a una economía de cero emisiones netas en carbono podría crear 15 millones de nuevos empleos netos en América Latina y el Caribe para 2030, revela un nuevo informe de la Organización Internacional del Trabajo y el Banco Interamericano de Desarrollo.

Las agencias aseguran que la devastación de la crisis actual del COVID-19 ha obligado a hogares, empresas y gobiernos a replantearse cómo se conecta el entorno natural con sus economías y sociedades.

Actualmente, los déficits de trabajo decente, las desigualdades y la dependencia en las exportaciones de combustibles fósiles hacen que América Latina y el Caribe sea particularmente susceptible a los efectos sociales y económicos de la pandemia.

Estas mismas cuestiones, dice el informe, harán que la región sea más vulnerable a las repercusiones del cambio climático en el futuro. En respuesta a la pandemia, una transición justa a cero emisiones netas puede corregir los efectos económicos y sociales adversos de la crisis mundial y, al mismo tiempo, ofrecer una oportunidad para crear empleo, abordar la desigualdad e impulsar un crecimiento inclusivo.

Los trabajos que traería una transición verde

El informe revela que la transición a una economía de cero emisiones netas haría desaparecer unos 7, 5 millones de empleos en electricidad generada por combustibles fósiles, extracción de combustibles fósiles y producción de alimentos de origen animal. Sin embargo, estos empleos perdidos son más que compensados por las nuevas oportunidades de empleo que serían posibles: 22,5 millones de empleos en agricultura y producción de alimentos procedentes de plantas, electricidad renovable, silvicultura, construcción y manufactura.

Las agencias además destacan cómo cambiar a dietas más saludables y sostenibles, que reducen el consumo de carne y lácteos y aumentan los alimentos procedentes de plantas, crearía empleos y reduciría la presión sobre la biodiversidad única de la región. Con este cambio, el sector agroalimentario de América Latina podría generar el equivalente a 19 millones de empleos a tiempo completo, que compensarían ampliamente la reducción de 4,3 millones de empleos en ganadería, avicultura, lácteos y pesca.

La creación y destrucción de puestos de trabajo en el sector energético es modesta en relación con el número total de puestos de trabajo en la economía, pero es significativa como proporción del empleo total en dicho sector, explica el informe. La transición supone una pérdida de 60.000 empleos en las centrales eléctricas de combustibles fósiles y una ganancia de 100.000 puestos de trabajo en el sector de energías renovables. La construcción, la manufactura y la silvicultura también disfrutan de la creación neta de empleo.

Empresas y trabajadores como agentes de cambio

Las empresas y los trabajadores pueden facilitar una transición justa en sus lugares de trabajo a través de nuevos modelos empresariales, procesos de certificación e iniciativas a nivel corporativo.

El financiamiento verde puede estimular las iniciativas ambientalmente sostenibles, en especial en el contexto de las micro, pequeñas y medianas empresas en América Latina y el Caribe.

Otras prácticas sostenibles, como la contratación pública verde, la educación, el teletrabajo, los incentivos económicos para cambiar los patrones de consumo y producción, y la promoción de los derechos al medio ambiente sano en el trabajo, pueden mejorar la eficiencia de los recursos, reducir los residuos y promover lugares de trabajo responsables.

Los impactos ambientales positivos de la pandemia de la COVID-19 serán de corta duración, pero apuntan a posibles efectos a largo plazo generados por los cambios de comportamiento y medidas efectivas.

El teletrabajo, las reuniones virtuales, el comercio electrónico, los medios de transporte sostenibles y la promoción del consumo de productos locales han ganado popularidad durante la pandemia. La OIT asegura que estas medidas deberían mantenerse y combinarse con iniciativas que garanticen condiciones de trabajo decente y que reduzcan la desigualdad una vez que la economía vuelva a la normalidad.

Políticas gubernamentales coherentes

“Llegó la hora de hacer una transición hacia un futuro de cero emisiones netas que no deje atrás a nadie. Muchas opciones como las energías renovables no solo son más baratas que las fuentes actuales, sino que también crean más puestos de trabajo y pueden proporcionan un mejor servicio, especialmente a las comunidades pobres y marginadas”, expresa el informe.

Se necesitan políticas gubernamentales, como la capacitación y la reconversión laboral, para ayudar a las personas a hacer la transición hacia los sectores en crecimiento, mientras que los programas sociales deben apoyar a quienes pueden verse afectados de forma negativa.

El diálogo social y la construcción conjunta con todas las partes interesadas pueden ayudar a los gobiernos a coordinar los objetivos de desarrollo social, ambiental y sectorial, así como a garantizar que trabajadores, empresas y comunidades estén preparados para prosperar en una economía de cero emisiones netas.

Fuente: Naciones Unidas.

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