Por Pedro Serrano R. / 2 de Marzo de 2026
La humanidad, el principal predador global, tendrá que recuperar para sí misma y otras especies vivas todo lo que sea posible de los mutuos servicios ecosistémicos que permiten el desarrollo de la vida en un planeta que nos ha costado re-enterarnos que es para todos. Todas las especies y, en especial, el ser humano, necesitan un ecosistema complejo para afrontar las crisis de desarrollo de este medio siglo: aire, agua, suelos, alimentos, epidemias, pandemias, problemas mentales y hacinamiento.
Una arquitectura[1] solo para humanos diseñada sin considerar el contexto vivo, robótica, IA domótica[2], inteligente, tecnológica, hermética en sus paredes, tiene el potencial de deshumanizar el total. La arquitectura es con el contexto, pero además lo debiese considerar en su armonía global.
Un nido humano hace cientos de miles de años debe haber sido casi del tamaño del actual nido de un cóndor, ubicado en un árbol y fácilmente desarmable. El nido de una pareja humana con sus hijos en esas remotas épocas no debe haber sido mucho mayor por seguridad y confort térmico.
Miles de años después en su comportamiento gregario, un grupo humano – que reunía a varias familias relacionadas -, era nómade y transportaba lo esencial de sus nidos por territorios cambiantes, cavernas, promontorios y bosques.
A la familia humana le fue bien, en especial al grupo sapiens-sapiens, que llegó en poco más de diez mil años a ocupar todo el planeta, con 9 mil millones de individuos[3] en asentamientos colectivos construidos (aparece la arquitectura en el neolítico, probablemente en Mesopotamia). Esto ha ocurrido con la particularidad de que, de usar nidos, hemos pasado a usar viviendas mucho más sólidas, sedentarias, afincadas territorialmente y, sobre todo, mucho más amplias y que en su disposición colectiva ocupan kilómetros cuadrados de suelo. Santiago de Chile, RM, ocupa nada menos que15.403,2 kilómetros cuadrados, vale decir, el 2% de la superficie del país[4].
Esto, que ocurre en todo el planeta, obviamente ha traído una gran cantidad de consecuencias relativas al territorio y su ambiente. En particular – y es el tema de este artículo–, hemos desplazado y ocupado hostilmente el lugar de vida de muchísimas especies animales, hongos y vegetales, especies del territorio original[5]. Esto ha ocurrido, sobre todo, en los últimos siglos, en que pasamos de 1.000 millones de humanos vivos en 1860 a 9.000 millones en 2026.
La historia ha demostrado que todas las especies son cada vez más importantes para el control ambiental, el clima, la amenaza del cambio climático, la salud física, y la salud psicológica de los actuales habitantes humanos de las ciudades. Estas últimas, fueron construidas en su mayoría de modo agresivo con el contexto original del territorio, ocupado extensivamente hace menos de un par de siglos. El automóvil tiene poco más de un siglo y ya hay miles de kilómetros cuadrados de calles, caminos y carreteras cubiertas de suelo compactado, hormigón, gravilla o asfalto.
La humanidad, el principal predador global[6], tendrá que recuperar para sí misma y otras especies vivas todo lo que sea posible de los mutuos servicios ecosistémicos que permiten el desarrollo de la vida en un planeta, planeta que nos ha costado re-enterarnos que es para todos. Todas las especies y, en especial, el ser humano, necesitan un ecosistema complejo para afrontar las crisis de desarrollo de este medio siglo: aire, agua, suelos, alimentos, epidemias, pandemias, problemas mentales y hacinamiento.
La situación es extrema y representa un desafío para la arquitectura extrema.
El desafío es convivir, coexistir[7], cohabitar, armonizar, sintonizar, empatizar, concordar, con el entorno vivo no humano, usando como herramientas la arquitectura innovadora, las ideas y la tecnología. Obviamente, más de lo mismo que hemos hecho hasta ahora, parece ser un camino equivocado.
Ya hemos visto aquí en Arquitectura USM la “ciudad comestible”[8]: usando edificación en altura con madera, es posible convivir, dentro de los espacios diseñados, con el mundo vegetal, y sobre todo con el vegetal alimentario. Esto permitiría aumentar la producción de oxígeno para el aire de la ciudad, reducir las emisiones de CO2, regular la humedad y la temperatura de la ciudad, terminar con las islas de calor, aumentar la sombra y reverdecer el paisaje inmediato. Pero también contribuiría a mejorar la convivencia, armonizando el comportamiento humano con partes del reino animal que están en nuestro contorno. Hay muchos ejemplos, por lo que analizaremos sólo algunos cercanos.
La gaviota dominicana[9]
Este es un ejemplo interesante de ocupación territorial agresiva, La gaviota dominicana, Larus dominicanus, caucau en mapudungun, no tiene nada que ver con República Dominicana. Vive desde el norte del Perú hasta la Península Antártica y Chile es su territorio más extenso. Son una especie protegida.
Lo que partió siendo un ave costera, playera, que anidaba en acantilados costeros, comedora de crustáceos y restos de peces, con la ocupación humana del borde costero pasó en la actualidad a vivir desde la costa y ciudades hasta la precordillera, alimentándose de basuras y restos depositados en vertederos, ríos contaminados y basuras urbanas, brindando un enorme servicio ecosistémico. Anida y cría a sus polluelos hoy en techumbres de casi todo Valparaíso. De hecho, hay dos polluelos y sus padres, muy protectores, al lado de mi oficina. Son hoy en día una molestia urbana por sus deyecciones líquidas bancas, pero se hacen cargo de una buena parte de las basuras de las playas, materias orgánicas de los vertederos, pueblan el aire de toda la ciudad y han modificado y adaptado sus servicios ecosistémicos.
He aquí un vecino alado de buen tamaño (hasta 900 gramos) al que la ocupación humana de su territorio original ha obligado a una rápida e inteligente adaptación a su nueva realidad. Como el habitante humano es el mayor productor de basuras orgánicas sin tratamiento, la gaviota dominicana presta un enorme servicio ecosistémico a la ciudad, a la vez que su uso del espacio urbano se ha trasformado en una molestia. He aquí una problemática no resuelta que muestra muchas oportunidades y falta de inteligencia urbana en una solución de coexistencia positiva.
El murciélago insectívoro urbano[10]
Ahora veremos algunas características de un mamífero muy abundante y extremadamente útil en la ciudad, la agricultura y el bosque. En Chile hay 14 especies, incluso recolectores de néctar (de cactus en el norte) y por lo tanto algunas de ellas ayudan a la polinización. El murciélago orejón, también llamado de cola libre (Tadarida brasiliensis) es un quiróptero común en las ciudades de Chile y está protegido por ley. Capaz de recorrer más de 200 km en una sola noche, es el volador más rápido, y suele comer unos 600 insectos por hora. Son vitales para el control de plagas agrícolas, absolutamente fundamentales para controlar plagas en la ciudad. Grandes aliados de la salud pública, son más eficientes que un insecticida, trabajando incansablemente toda la noche, desde el atardecer al amanecer.
Cazan en pleno vuelo con un avanzado sistema de ecolocalización y prácticamente no se topan ni molestan a los humanos. Es falso que transmitan enfermedades, solo han tenido muy mala prensa de origen medieval.
Una familia de murciélagos -50 ejemplares, aunque también hay colonias de hasta 200.000-, sólo necesitan un pequeño espacio bien oscuro, tranquilo, ojalá con sólo una entrada pequeña 2-3cm de diámetro, por donde salen en bandada a la puesta de sol. Luego retornan silenciosamente de amanecida y se cuelgan, durmiendo en percha. Son muy colaborativos, cuidan sus hijos y a quienes no pudieron salir. El autor cohabita con una bandada en un pequeño hueco del entretecho en punta del segundo piso. Prácticamente pareciese que no existen, nunca piden nada, no hacen ruido, toman agua al vuelo o en rasante sobre lagunas o arroyos. Coexisten exitosamente desde hace milenios con el ser humano y sus construcciones. Así como nunca piden nada, devoran miles de insectos dañinos cada noche. Son territoriales, no competitivos, de este modo no habrá más que los posibles en cada lugar (ver historia de Bat City en Austin, Texas)[11].
Insectos
Las abejas melíferas[12], apis melifera, originarias del norte del planeta, Europa África, Asia, por acción humana se han distribuido por casi todo el mundo. El ser humano las ha domesticado ofreciendo espacios tecnificados donde armar una colonia, colmena, pero igual buena parte de ellas vive libremente en los bosques y praderas, en cualquier espacio o hueco seguro que les permita construir su ciudad o colectivo.
Hay dos servicios ecosistémicos que puede hacer la apis melifera en la ciudad. Uno es polinizar flores, pastos y árboles de parques jardines. El otro es la recolección de su miel, para los cual existen técnicas milenarias de coexistencia positiva. Las abejas pueden reconocer a las personas por sus rostros y en trato respetuoso mutuo algunos estudios indican que se establece incluso una relación de afecto.
Para reunir un kilo de miel hacen falta 2.500 abejas. Cada obrera hará entre 10 y 15 vuelos diarios, recorriendo una distancia total de entre 40 y 100 kilómetros a una velocidad máxima de 25Km/h, durante al menos 21 días. Cada abeja obrera libará (cosechará) el néctar de 560 flores al día.
Una colonia de abejas es un superorganismo[13] con 30 mil a 80 mil organismos. Cada abeja tiene un cerebro con aproximadamente un millón de neuronas. El superorganismo tendría 80 mil millones de neuronas. Un ser humano tiene en torno a 80 mil millones de neuronas. En términos supuestos, una colmena grande y fuerte tendría una capacidad de sinergia mental casi humana.
Estos insectos se incluyen también en la ciudad comestible, si no la ciudad verde sería imposible. Lo interesante en esto es que el lugar más seguro para una colmena libre o domesticada en cajas es la ciudad, dado que en ella no hay pesticidas ni predadores, como algunas aves, mamíferos como roedores que saquean colmenas, insectos como avispones, mantis religiosas y arañas, y otros como las polillas de la cera.
Debemos considerar a las colonias apis melifera como un superorganismo absolutamente necesario en las ciudades. En el acuerdo de domesticación tecnificada por los humanos, la apis melifera obtiene protección, seguridad, acceso a flores y una convivencia de mutuo interés que lleva miles de años.
Por Valparaíso vuela una cantidad notables de aves, desde las especies costeras marinas, hasta las aves de pequeño tamaño como el chincol, el zorzal el gorrión, la tenca, la rara, la golondrina, el chercán, la diuca, patos jergones, capuchinos y quetros. Todas ellas transitan libremente por la ciudad sus parques, plazas, jardines, quebradas y cuerpos de agua. A ello se suman miles de palomas, y predadores basureros como jotes de cabeza negra y blanca. Todas las aves parecen haber adoptado un cierto trato mutuo con la comunidad humana que conforma un ambiente rico en sonidos colores y presencias que enriquece los espacios habitados.
Hay batracios y lagartos en la ciudad. Sapos y lagartos también controlan plagas, comen larvas e insectos, formando parte de la complejidad del ecosistema sin perturbar a la especie humana.
Por lo demás están las mascotas y aves de corral. Hay miles de gatos, que presumen de haber domesticado a sus amos, y miles de perros, desde domésticos hogareños hasta callejeros e incluso en jaurías. Este es un fenómeno en crecimiento exponencial, que ha colocado alimento de mascotas, las veterinarias y las agrupaciones protectoras ciudadanas, como un nuevo y activo componente de nuestras ciudades. De igual manera ocurre con el comercio de plantas en maceteros plásticos. Todo ello indica que, de todas formas, el ciudadano necesita de la cercanía de vegetales y animales dentro su hábitat.
Por supuesto, en la arquitectura urbana, aquí hemos ejemplificado con Valparaíso. Este planteamiento no es una tendencia ni mucho menos. Las viviendas en hormigón, ladrillo, yeso-cartón, fibrocemento, madera, vidrio y plásticos, en condominio horizontales y verticales de muchos pisos, para quienes tienen acceso a ellas, domóticas, climatizadas, incluso autosuficientes, con colectores solares fotovoltaicos, rodeadas de cemento y asfalto se siguen repitiendo en las formaciones académicas y en la realidad comercial de mercado.
Lo planteado aquí es una opción entre muchas. Hay mucho aun que estudiar, que esperamos permee, aunque sea sólo un poco, lo que viene a futuro en la arquitectura y el urbanismo.
[1]IA. arte y la técnica de diseñar, proyectar y construir edificios y espacios públicos.
[2] automatización y control inteligente de una vivienda para mejorar la comodidad, seguridad y eficiencia energética.
[3]Abril del 2005, proyecto de investigación antropológico, destinado a mapear las migraciones humanas en la historia. Para ello, el proyecto recolectó y analizó muestras de ADN humano de más de 100.000 personas en todo el planeta.
[4] Visión general creada por IA
[5] https://biodiversidadrm.mma.gob.cl/especies/especies-en-la-rm/
[6] https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/se-capturan-mas-animales-para-comercio-mascotas-que-como-alimento_20311#google_vignette
[7] https://dem.colmex.mx/ver/coexistir
[8] https://arquitectura.usm.cl/columna-pedro-serrano-la-pandemia-y-lo-rural-la-ciudad-comestible-y-los-neocampesinos/
[9] https://www.avesdechile.cl/149.htm
[10] https://mma.gob.cl/wp-content/uploads/2017/08/Libro-Murcielagos-de-la-RMS_2014-web.pdf
[11] Batcity, https://www.imdb.com/es/title/tt2237128/
[12] https://inaturalist.mma.gob.cl/taxa/47219-Apis-mellifera
[13] Sociedad de organismos de la misma especie (como hormigas, termitas o abejas) que interactúan de forma tan coordinada y sinérgica que el grupo funciona como una única entidad colectiva, exhibiendo comportamientos complejos, inteligentes y eficientes que superan la suma de las capacidades individuales, a pesar de la falta de un líder centralizado.

