Trump y la erosión del orden internacional

La continuidad de las disputas internacionales, las rivalidades geopolíticas y los comportamientos unilaterales demuestran las grandes restricciones que afronta en la actualidad la comunidad internacional para progresar hacia formas de gobernanza genuinamente colaborativas.

Coescrita con Esteban Vergara

En las últimas décadas, el sistema internacional ha enfrentado cambios significativos en términos geopolíticos y económicos que han tensionado los principios con los que se estableció el orden liberal internacional después de la Segunda Guerra Mundial. Se ha creado un panorama de incertidumbre acerca de la capacidad de la comunidad internacional para mantener mecanismos de cooperación que puedan asegurar la paz, la estabilidad a nivel mundial y el respeto a los derechos humanos. Esto ha ocurrido debido al fortalecimiento de las tendencias soberanistas que debilitan el multilateralismo y cuestionan las instituciones internacionales.

La visión fuertemente soberanista y unilateral de la política exterior de Trump se ha visto reflejada en el cuestionamiento a los organismos internacionales, las críticas a alianzas tradicionales como la OTAN, la salida de acuerdos multilaterales como el Acuerdo de París sobre cambio climático y el alejamiento de organizaciones relacionadas con derechos humanos.

Conforme a la lógica de “América primero”, la cooperación internacional es percibida por la administración Trump como una limitación a los intereses y la soberanía estadounidense.

El Nuevo Pacto Humanitario que anunció el Secretario General António Guterres en la Asamblea General de octubre 2025, prometía una ayuda humanitaria más rápida y responsable, pero analistas independientes del Instituto Internacional de la Paz lo evaluaron como más superficial que sustancial.

Estados Unidos, en una sesión informativa informal sobre la UN80 en febrero de 2026, rechazó la denominación de reforma humanitaria como un lenguaje que solo sirve para distorsionar y confundir, y calificó varias acciones propuestas como claramente intangibles.

Una ilustración contundente de la visión de Trump es su orden ejecutiva de enero de 2026 que ordenaba la retirada del Estados Unidos de 66 organizaciones internacionales, incluidas 31 entidades de la ONU absteniéndose al mismo tiempo de efectuar las contribuciones adeudadas a su presupuesto ordinario, mantenimiento de la paz y tribunales. En cambio, la mayoría de los miembros de la ONU cumplieron totalmente con sus contribuciones obligatorias. Este país representa la más alta contribución de las deudas pendientes del presupuesto

El epítome de esta situación es la Junta de Paz lanzada formalmente por Trump en Davos el 22 de febrero de 2026 cuando asume el rol indefinido en la resolución de conflictos que van mucho más allá de Gaza. Esta Junta fue firmada por 62 países pero la mayoría de las democracias consolidadas, incluida Francia, Alemania y el Reino Unido declinaron unirse. La construcción deliberada de una arquitectura multilateral fuera del marco de la ONU y libre de rendición de cuentas es posible, aun cuando no podamos anticipar ahora cuanto pueda durar, pese a sus evidentes contradicciones.

Esto tiene un precedente en la guerra de Irak que tuvo lugar en 2003. La invasión liderada por los Estados Unidos, el Reino Unido y otros aliados, se llevó a cabo sin la autorización del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, lo que provocó un intenso debate internacional y una profunda duda sobre la legitimidad de esa intervención. En ese marco, la negativa del Presidente Lagos a apoyar la intervención militar de Estados era una defensa del multilateralismo y de los principios del derecho internacional.

Es especialmente importante tener en cuenta que Chile, siendo un país de tamaño medio y con recursos limitados desde el punto de vista material, probablemente no podía modificar por sí solo el desarrollo de los sucesos internacionales. Sin embargo, precisamente por eso, su posición adquirió un profundo contenido simbólico y normativo, protegiendo los principios y valores del orden internacional liberal.

La continuidad de las disputas internacionales, las rivalidades geopolíticas y los comportamientos unilaterales demuestran las grandes restricciones que afronta en la actualidad la comunidad internacional para progresar hacia formas de gobernanza genuinamente colaborativas. En esta línea, conseguir el ideal cosmopolita propuesto por Kant, asunto tratado específicamente en el Cuaderno XXVII del Foro Valparaíso, es actualmente muy difícil. A pesar de que hay intentos por establecer algunos marcos regulatorios comunes, el sistema internacional continúa siendo una anarquía relativa. Este análisis facilita la comprensión de la constante tensión entre la lógica anárquica del sistema internacional y el empeño por establecer mecanismos institucionales destinados a regular las conductas estatales.

En estos tiempos, la alusión al ideal cosmopolita de Kant es particularmente relevante. Él contemplaba la posibilidad de una paz cimentada en el derecho internacional, la colaboración entre repúblicas y la creación de una ciudadanía universal fundamentada en principios racionales comunes.

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