Llaman a Trump a rechazar las falsedades y a apoyar la investigación de lo ocurrido en Washington
La responsable de velar por los derechos humanos en el mundo considera que el asalto al Capitolio que se vivió […]
La responsable de velar por los derechos humanos en el mundo considera que el asalto al Capitolio que se vivió […]
En un comunicado del portavoz de la ONU, se destaca que los líderes políticos deben pedir a sus seguidores que
El grupo de expertos en derechos humanos especializado en el uso de mercenarios afirma que el perdón presidencial a cuatro
En este tiempo asistimos a un debilitamiento de la ONU nunca antes conocido desde su fundación. Este fenómeno está estrechamente relacionado con el surgimiento estrepitoso de nacionalismos ciegos que han proliferado en todas partes del mundo. Orban, Bolsonaro o Trump son solo algunos representantes de esa tendencia. Y aunque el último haya sido recientemente derrotado en las elecciones presidenciales, lo más probable es que continúe siendo una figura gravitante en el escenario político estadounidense. En este complejo contexto no pareciera ser una preocupación baladí preguntarse, como lo hace Habermas, por el significado de la “maravillosa idea” de Kant sobre la condición cosmopolita.
Esta proyección es el resultado del análisis de varias encuestas, comportamiento histórico de los Estados y errores de las encuestadoras.
n uno de los debates más controversiales que se tenga memoria, el presidente de los Estados Unidos desplegó su estrategia comunicacional política en el espacio que más le acomoda: la televisión. La ya cuestionable política-espectáculo da paso a la política de la aniquilación discursiva desde las esferas del poder global.
El socialismo en América Latina habrá muerto porque la población dejó de creer en él y sus líderes, y porque la comunidad internacional, que alguna vez ovacionó de pie en la Asamblea General de Naciones Unidas sus promesas de justicia y ansias de transformación, hoy tiene pruebas palpables de la distancia sideral que hay entre las arengas que aplaudió y las realidades sociales, políticas y culturales que esos regímenes “revolucionarios” generaron.
Si la administración Obama, en sus dos períodos, tuvo como centro de su pragmática política exterior la búsqueda de una acción coordinada en organismos multilaterales, fomentar el regionalismo en Asia Pacífico, así como una mirada más o menos benigna respecto de la inmigración ilegal, el presidente Trump plantea la relación con el mundo desde un marco teórico nítido, el realismo político, donde se distinguen potencias rivales.