Estudio sobre el conflicto social (4): desigualdad, automatización, y cómo superar la trampa de los ingresos medios

Esta entrega se concentra en el análisis de dos factores de larga duración que están afectando dramáticamente la estabilidad de la clase media de bajos ingresos y de los estratos vulnerables, y que hoy se ven exacerbados por el COVID-19: se trata de la persistencia de altos niveles de desigualdad y sus negativos efectos en la pobreza, y del irresistible avance de la automatización que amenaza la existencia de las ocupaciones de la clase media. Esta evolución de larga duración también exige una respuesta que va mucho más allá de las medidas focalizadas en la coyuntura crítica sanitaria. En este sentido, las propuestas de Alejandro Foxley, a diferencia de muchas otras, presentan un análisis muy complejo de las condiciones necesarias para facilitar el tránsito de la clase media vulnerable a la clase media consolidada.

En la anterior entrega revisamos la estructura de la clase media chilena desde la década de 1990 hasta 2017, y establecimos algunas proyecciones acerca de lo que podría ocurrir con ella en un contexto de crisis económica y surgimiento del COVID19, ambos fenómenos de escala global. Las principales conclusiones pueden ser resumidas de la siguiente manera:

  • desde comienzos de la década de 1990 hasta 2017, la clase media experimentó un alto crecimiento en consonancia con la reducción de la pobreza, hasta superar más de la mitad de la población.
  • Pese a este crecimiento, la clase media de bajos ingresos y los estratos vulnerables siempre han estado expuestos a volver a caer a la situación de pobreza de la cual habrían salido, condición especialmente notoria a partir de la segunda mitad de la década de 2010.
  • Actualmente, los estratos medios de ingresos bajos y los estratos vulnerables ascenderían a más de la mitad de la población total del país, siendo ellos los más expuestos a recaer a una condición de pobreza.
  • Las proyecciones sobre la disminución del número de hogares pertenecientes a la clase media pueden variar mucho dependiendo del monto en que se estima la línea de la pobreza. En este sentido los cálculos de CEPAL son los más bajos ($281.000 para un hogar de 4 personas) en comparación a los de LyD ($417.000) y la OCDE ($491.000). Es por esta razón que estimamos que el cálculo del porcentaje de aumento de la pobreza que hace CEPAL es relativamente bajo (13,7%, o más de 2 millones en términos absolutos). Si se admite una hipótesis más pesimista, cerca de 9 millones de personas pertenecientes a los estratos medios de ingresos bajos y estratos vulnerables estarían expuestos a caer bajo la línea de la pobreza.
  • Esto podría morigerarse si se llevasen a cabo políticas económicas y sociales que deben ser asumidas por un sistema político cuyas menguadas competencias para enfrentar la pandemia se exhiben de manera prominente a plena luz del día.
  • La crisis por la cual atraviesa el país es entonces, multidimensional: sanitaria, económica y social.
  • Es a la vez, y muy principalmente, la crisis de un sistema político.
  • Por lo tanto, pensamos que no se trata de un episodio que superaríamos tarde o temprano para volver a la misma situación en que nos encontrábamos antes de la pandemia. La crisis multidimensional y global podría devenir en grandes transformaciones estructurales de los Estados-naciones, los sistemas económicos y el actual orden político mundial.

Pese a su gran tamaño en comparación a los otros estratos de ingresos (altos, vulnerables y pobres), la clase media adolece de una gran fragilidad, agravada ahora por la crisis sanitaria. La clase media de ingresos bajos y los estratos vulnerables siempre han estado expuestos a recaer a su condición de pobreza. Por esa razón nos referiremos brevemente a sus factores de vulnerabilidad.

Los factores de vulnerabilidad

La incapacidad de comprar una vivienda, el miedo que genera el no poder costear los tratamientos de las enfermedades catastróficas, y llegar a viejo con dinero son las principales causas del malestar ciudadano de acuerdo a la Encuesta Bicentenario 2019[1].

En general, los estudios de LyD, la OCDE y CEPAL -citados en nuestra anterior entrega- coinciden en la existencia de determinados factores que podrían hacer retroceder a una familia a la situación de pobreza de la cual habían salido previamente.

Todos ellos destacan como factores de vulnerabilidad el nivel y calidad de la educación, la desocupación, el bajo nivel de cotización de los trabajadores ocupados, la escasa adscripción de estos sectores a los sistemas de salud, la mala calidad de la vivienda y la inseguridad del lugar donde ellos viven. Estas condiciones son especialmente identificadas por LyD. La CEPAL subraya la fuerte asociación entre nivel de formalidad de los puestos de trabajo y suficiencia de los ingresos laborales y lo que denomina como “ejes estructurales de la desigualdad” originados en las características territoriales, la edad, el género y condición étnico-racial.

A continuación, este análisis se concentrará en dos factores de vulnerabilidad: la evolución de la desigualdad y el efecto de la automatización en las ocupaciones de la clase media.

La desigualdad

Según la OCDE, la vulnerabilidad de la clase media se ha visto acentuada por la alta y persistente desigualdad de ingresos, fenómeno que se habría acrecentado durante los últimos años: el 19% de más altos ingresos percibe hoy casi la mitad de la riqueza. Sobre este particular, Joseph Stiglitz declaró a El Mercurio que “Chile era visto como uno de los países de la OCDE con mayor desigualdad”[2]. En este mismo sentido, el Panorama Social 2018 observa que en el caso chileno el Gini por ingreso corriente de los hogares en 2017 fue de 0,46, mientras que el Gini por activos financieros y físicos se eleva a 0,72. Como dice la CEPAL, “esta es una importante medición porque la distribución de los activos entre el Estado, las familias y las empresas es un indicador significativo del grado de polarización, concentración o desigualdad de la estructura social”[3]. Como sabemos, mientras más cercano a 0, menos desigualdad, y mientras más cercano a 1, más desigualdad.

La desigualdad no sólo comprende la diferencia de ingresos, activos financieros y físicos. También hay que considerar el ejercicio de derechos, goce de competencias y capacidades, nivel de autonomía, acceso a bienes y servicios del progreso económico, deliberación política, género, etnia y raza[4].

De acuerdo con los estudios de Ricardo Ffrench-Davis sobre la evolución de la desigualdad en Chile es posible observar las siguientes características:

  • La razón entre los ingresos disponibles per cápita del hogar del quintil V/ quintil I descendió de 14,8 en 1990 a 10,8 en 2015.
  • El coeficiente de Gini por su parte cayó de 52,1 en 1990 a 47, 6 en 2015.
  • La evolución positiva de ambos indicadores entre 1990-2015 ha sido variable. En 1998 se constató un deterioro distributivo condicionado por un ajuste recesivo que se extendió hasta 2003.Pero a fines de 2003 vuelve a mejorar -de manera más pausada- hasta 2015. Las mejorar distributivas deben relacionarse con avances sustanciales en el empleo y en la cobertura de las políticas sociales[5].
  • Cuando se considera el aumento del gasto público hecho en salud y educación la razón de quintiles se reduciría a aproximadamente la mitad[6].

Ffrench-Davis dice que pese a la gran utilidad de los estudios que él ha analizado, existen todavía deficiencias en el estudio de la desigualdad debido a importantes omisiones de las rentas más altas.

En este sentido, algunos de los estudios que pretenden suplir esas deficiencias son los de los investigadores Eugenio Figueroa, Pablo Gutiérrez y Ramón López, de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile[7]. Ellos han calculado la distribución de la riqueza en Chile, utilizando para este fin las declaraciones tributarias corregidas por ganancias de capital y por evasión del impuesto a la renta. Sus resultados son los siguientes:

  • El Gini obtenido por medio de este cálculo se eleva del 0,55 establecido por la encuesta Casen a un 0,62, para el período comprendido entre 2005 y 2010. Chile poseería la peor distribución del ingreso si se le compara con estudios de otros países que también incluyen en sus estimaciones las ganancias de capital.
  • Con respecto a la participación de la población en la distribución del ingreso nacional, los mismos autores sostienen que el 1% más rico del país percibe el 30,5% del total de los ingresos. El 0,1% más rico del país (la milésima parte) percibe en cambio el 17,6%, y si se considera sólo al 0,01% (la diezmilésima parte), ésta percibe el 10,1% del ingreso total.

Basándose en los estudios de Figueroa, Gutiérrez y López, Daniel Matamala hizo los siguientes cálculos[8]:

  • el 0,1% más rico de la población cuenta con un ingreso per cápita 214 veces superior al 99% de la población.
  • el 0,01% de la población percibe un ingreso per cápita 1122 veces superior al 99,99% de la población. Este 0,01% de la población equivale apenas a 543 hogares que, en definitiva, concentrarían el 10% del total de los ingresos del país.  

Matamala también destaca un reciente estudio del Banco Mundial que indica que el Gini se elevaría de un conservador 0,55 a 0,684, corroborándose que el 5% más rico del país percibe el 51,5% de los ingresos, el 1% percibe el 33% y el 0,1% percibe el 19,5% de los ingresos.[9].

Automatización y ocupaciones de la clase media

La automatización es una tendencia global. En este sentido, la OCDE calcula que un promedio de 18% de los trabajadores de ingresos medios corre el riesgo de que sus actuales ocupaciones se automaticen, ya que cerca de la mitad de los grupos de ingresos medios podrían beneficiarse con el crecimiento de las ocupaciones con un alto nivel de especialización y complejidad, tales como algunos oficios técnicos y cargos gerenciales. Pero la mitad restante, ocupada en oficios relacionados con la operación de plantas y maquinarias, y trabajos manuales y de apoyo a las actividades de oficina, estaría muy expuesta a la pérdida de muchos trabajos. Una mejor estimación de la proyección de la oferta de empleo en las próximas décadas debería considerar si se trata de ocupaciones rutinarias o de ocupaciones que exigen un alto desarrollo del pensamiento crítico y la creatividad[10].

En una reciente columna de opinión publicada en nuestro sitio web, Pedro Serrano aborda el proceso de automatización, recalcando la importancia de la capacitación de todos los actores involucrados en la supervisión de la robótica a través del teletrabajo, así como el cambio en las dinámicas de los trabajadores. También enfatiza la necesidad de que la red global se perfeccione, crezca y mejore acelerada y constantemente, debido a la saturación de sus sistemas causada por una mayor demanda de conexiones a internet en el contexto del confinamiento por el COVID 19.

Creemos que la pandemia de COVID19 acelerará aún más el proceso de automatización. Esto podría provocar en el corto plazo una pérdida de empleos como nunca hemos visto anteriormente. Los robots no se enferman, y pueden trabajar 24 horas, los 7 días de la semana, controlados a través de teletrabajo.

El caso chileno

El estudio titulado Now, elaborado por la Cámara de Comercio de Santiago en colaboración con Estudio Racimo, hace una proyección respecto a cómo será  Chile en 10 años más. Uno de los puntos más relevantes es el referido al mercado laboral: La única certeza es que los jóvenes en algún momento perderán su empleo. En promedio los jóvenes se cambiarán de trabajo 17 veces. Por ello, se subraya la importancia de actualizar los programas educativos, apuntando a la aplicación de tecnologías y herramientas digitales, y la necesidad de reforzar habilidades sociales, creatividad y el aprendizaje continuo. En un mundo dominado por la tecnología, se perdería más de un tercio de los empleos debido a la automatización, con la consecuente precariedad laboral[11].

El Centro Latinoamericano de Políticas Económicas y Sociales de la Pontificia Universidad Católica de Chile (CLAPES UC) en su documento de trabajo n°57 aborda la automatización del empleo en Chile[12]. En él se distingue la probabilidad promedio de automatización de empleos y la probabilidad promedio de empleos en alto riesgo de automatización (esto es, cuando la probabilidad de automatización de empleos es superior al 70%).

Como resultado de este estudio, podemos resaltar los siguientes aspectos:

  • la probabilidad promedio ponderada de automatización es de 42,2%. Si se usan los datos de la CASEN 2017 esto equivale a una cifra de alrededor de 3,3 millones de desempleados.
  • Los empleos que presentan un alto riesgo de automatización ascienden al 17%. Esto equivale a 1,3 millones de ocupados.

En el siguiente cuadro podemos apreciar la distribución del riesgo de automatización conforme a los siguientes criterios: nivel de calificación, género, grupos etarios, quintiles de ingreso y rama de actividad económica.

Cuadro 1. Distribución del riesgo de automatización en Chile

Si nos focalizamos en el porcentaje de trabajo en alto riesgo de automatización, podemos destacar que:

  • Los trabajadores con un nivel de calificación media presentan el mayor riesgo de ser sustituidos por la robotización. En este grupo se concentra el mayor porcentaje de la clase media.
  • Con respecto al género, este riesgo sería mayor en los hombres.
  • en el caso de la distribución por ingresos el mayor riesgo se concentraría en los quintiles 2, 3 y 4, correspondientes a los estratos de ingresos pobres, vulnerables y medios.
  • Con relación a las ramas de actividades, el riesgo es mayor en los sectores que cuentan con una alta concentración de sus trabajadores en tareas rutinarias.

Propuestas para una reforma del sistema de capacitación

La segunda parte del trabajo de CLAPES UC focaliza las transformaciones que sería necesario introducir al sistema de capacitación actual a fin de favorecer una mejor coordinación entre la oferta formativa y las demandas laborales. Estas últimas dan claras señales de las oportunidades y necesidades productivas de la economía, aptas para fomentar la creación de rutas formativo-laborales que redunden, en definitiva, en un incremento de la productividad, mejores salarios y empleabilidad. Para el fomento de los cambios mencionados CLAPES UC destaca 9 propuestas relacionadas con el desarrollo de un marco de cualificaciones nacional, creación de consejos de competencias, nueva Agencia de Calidad de la Educación para educación técnico profesional y capacitación, reforma a los programas de capacitación y modificaciones a los organismo técnicos de capacitación (OTEC) y a los organismos técnicos intermedios de capacitación, modificaciones al sistema de certificación de competencias (Chile Valora), cambio en las franquicias tributarias que impulsen el interés de las empresas en la capacitación, creación de fondos para segmentos no cubiertos por las franquicias tributarias, reforma a los organismos técnicos intermedios para capacitación, y protección del empleo en tiempos de crisis a través de sistemas de capacitación.

Mediante estas medidas se podría generar un sistema de formación continua que relacione la demanda de habilidades requeridas por el cambio tecnológico con la oferta de formación de competencias, evitando de esta forma que una gran cantidad de trabajadores queden anclados en ocupaciones altamente reemplazables.

Las propuestas de Alejandro Foxley para superar la trampa de los ingresos medios: de la clase media vulnerable a la clase media consolidada.

Las propuestas de Alejandro Foxley, a diferencia de muchas otras, presentan un análisis muy complejo de las condiciones necesarias para facilitar el tránsito de la clase media vulnerable a la clase media consolidada. Dicha complejidad se origina en las siguientes características: su amplitud analítica, en la que integra los factores de naturaleza política con los de tipo económico y social; una perspectiva de larga duración que va más allá del estudio de la coyuntura crítica sanitaria que sufre la clase media; y una mirada sobre las proyecciones del futuro. También hay que destacar que él adopta una perspectiva comparativa que recoge la experiencia de los países que pudieron superar la trampa de los ingresos medios y que permanentemente hace referencia a la situación de América Latina.

Otros grandes temas destacados por Foxley, vinculados a la política social y que sólo mencionaremos aquí sin siquiera resumirlos son los referidos a la regulación de costos y el aumento de la competencia en la provisión de servicios sociales privatizados, y las políticas para la nueva ciudad en América Latina y el Caribe.

En “Bases para un desarrollo inclusivo” Alejandro Foxley distingue la clase media emergente de la clase media consolidada[13]. La primera representa uno de los grupos sociales cuyas necesidades deben ser objeto de especial consideración de las políticas sociales si se pretende evitar caer en la trampa de los ingresos medios. Las naciones de ingresos medios son definidas como aquellas que poseen un ingreso de 10.000 dólares per cápita (medidos en PPP). Hacia fines de 2012, Chile ya habría superado ese umbral casi dos veces.

Entre los factores facilitantes del tránsito de la condición de país de ingreso medio a país desarrollado, Foxley señala que un elemento clave para un desarrollo exitoso es la construcción de un consenso nacional sobre una estrategia de desarrollo de largo plazo. Dicho consenso debería ser compartido entre sector público y privado, actores políticos y sociales y sus bases mantenerse en el tiempo. Debe existir, además, un espacio para las legítimas diferencias y un sistema institucional capaz de adaptarse a las nuevas realidades y anticiparse a los nuevos desafíos y problemas.

Entre las tres grandes áreas comprendidas en dicha estrategia, Foxley sitúa las políticas sociales en favor de la clase media, junto a la elevación de la productividad y creación de un sistema de integración productiva que genere sinergias entre los países de la región. Esta visión resulta de la comprensión de las mutuas relaciones entre política social y el aumento de los niveles de productividad. “La política social mal diseñada puede frenar la productividad y, por lo tanto, reducir la tasa de crecimiento futuro de las economías latinoamericanas; o alternativamente, bien diseñadas, pueden contribuir a mejorar la productividad elevando el crecimiento económico potencial y por lo tanto, el bienestar general de la sociedad[14].

Con respecto a la elaboración de políticas en favor de la clase media emergente o vulnerable, Foxley señala que, a los problemas de cobertura y acceso a los servicios sociales característicos de las primeras fases de las políticas de inclusión, las políticas sociales enfrentan en las fases ulteriores nuevos problemas relacionados con la calidad de esos servicios, su eficiente provisión y garantías que impidan volver a la condición de pobreza.

 Sin embargo, la ineficiencia de los sistemas de gestión pública para responder estos desafíos, terminan generando gasto de recursos humanos y financieros inapropiados, un desvío ilícito de dinero y el bloqueo político de las iniciativas. Esto a su vez causa distancia y escepticismo de la ciudadanía para con todo el sistema político. Es necesario entonces mejorar la capacidad de todo el sistema público incluyendo los gobiernos provinciales y municipales.

Los nuevos desafíos puestos por la clase media vulnerable requieren activar medidas dirigidas al fortalecimiento de las Pymes para aumentar su productividad y sus salarios y mejorar la calidad de la educación. En Chile un 35% de estudiantes de clase media vulnerable no logra mínimos de comprensión de lectura requeridos para participar de modo efectivo y productivo en la sociedad[15]. No es posible superar este problema si no se aumentan los recursos disponibles para la educación pública que son muy inferiores a los de la educación privada. En Chile los recursos materiales de enseñanza, computadores, bibliotecas y otros en las escuelas privadas son un 73% superior al de las escuelas públicas[16]. La superación de esta brecha es obstaculizada por los mismos grupos de la clase media vulnerable que tienden a preferir las instituciones de educación privada como medio para corregir las deficiencias de la educación pública. En Chile, el 80% de los estudiantes de clase media se educan en escuelas privadas, una proporción equivalente a dos veces el promedio regional[17]. Sin embargo, la limitada capacidad de esta clase para pagar la educación privada puede inducirlas a un sobreendeudamiento y elevar la inseguridad económica de la cual pretendían escapar. Foxley subraya también las grandes dificultades que experimentan los estudiantes para la obtención de empleo por el abandono de sus carreras debido a la falta de recursos financieros y la mala calidad de la educación. Todo esto provoca “la frustración por expectativas y aspiraciones truncadas [y lleva] a protestas sociales que comienzan a desestabilizar al sistema político”[18].

 Esta situación podría enfrentarse en parte mediante el aumento de la capacidad de pago de la clase media vulnerable. Entre las medidas que servirían a este objetivo pueden incluirse “becas de igualdad de oportunidades”, preferentemente a aquellos que han asistido a una educación media pública de menor calidad; aquellos que carecen de insuficiencias en idiomas e hijos de padres con poca educación[19].

Luego de este análisis, Foxley propone las siguientes conclusiones tentativas sobre políticas sociales futuras:

Al consenso logrado en el pasado sobre la importancia de la mantención de los equilibrios económicos, ahora correspondería forjar un nuevo consenso sobre políticas de protección social que incluyan explícitamente medidas dirigidas a la clase media emergente. Dichas políticas comprenderían tres ámbitos críticos:

  • integrar gradualmente las modalidades de protección para los trabajadores en el sector formal e informal, incluyendo los sectores de bajos ingresos,
  • continuar el ataque a la pobreza, transitando desde un enfoque centrado en las transferencias y subsidios, hacia una política transversal de inversión en capital humano, y de igualación de oportunidades para los grupos de menores ingresos,
  • aumentar la base de recaudación tributaria para garantizar la sustentabilidad de este nuevo enfoque.

Las exigencias para la clase política de asumir esta tarea son enormes. El resultado determinará si la economía de ALC caerá una vez más en la trampa de los ingresos medios, o si logrará superarla y convertirse, en un plazo razonablemente breve, en economías avanzadas y democracias estables[20].


[1] En el reportaje de Tania Herrera “Radiografía a fondo: Esa clase media frágil y (hoy más que nunca) al borde del precipicio” -publicado en The Clinic el 8 de junio de 2020-, se destacan bien las condiciones de vulnerabilidad de la clase media originadas en la vivienda, su precariedad laboral y sobreendeudamiento. El reportaje incluye las apreciaciones de María Paz Arzola, Rodrigo Herrera, Yessenia Millones, Emmanuelle Barozet y Dante Contreras.

[2] P. Escobar, “Joseph Stiglitz, premio nobel de economía: “Chile era siempre visto como uno de los países de la OCDE con mayor desigualdad”, Economía y Negocios, El Mercurio, 25 de enero de 2020.

[3] CEPAL, Panorama Social de América Latina 2018, Santiago: CEPAL, 2019, p. 17.

[4] Ver CEPAL, “Tercera Conferencia Regional sobre Desarrollo Sostenible en América Latina: 8 obstáculos al desarrollo sostenible en América Latina”, México, 3 de octubre de 2019.

[5] Ffrench-Davis, op. cit., p. 491.

[6]Bravo, D. y Contreras, D., “La distribución del ingreso en Chile. 1990-96: análisis del impacto del mercado de trabajo y las políticas sociales”, en Reformas y equidad social en América Latina. Banco Interamericano de Desarrollo, 2004, citado en Ffrench-Davis, op. cit., p. 492.

[7] Figueroa, E., Gutiérrez, P., y López, R., “La parte del león: nuevas estimaciones de la participación de los súper ricos en el ingreso de Chile”, Serie de documentos de trabajo del Departamento de Economía de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile, 2013.

[8] Ver Matamala, D., Poderoso Caballero. El Pe$o del Dinero en la Política Chilena, Catalonia, UDP, Escuela de Periodismo, 2015, pp. 26-27.

[9] Banco Mundial, “Chile: Efectos Distributivos de la Reforma Tributaria de 2014”, 2015.

[10] Meller, P., Claves para la educación del futuro. Creatividad y pensamiento crítico, Santiago: Catalonia, 2018.

[11] Cámara de Comercio de Santiago, Estudio Racimo, “Now. Chile en la economía del futuro”, Primer Reporte sobre Escenarios Futuros, octubre de 2019.

[12] Bravo, J., García, A., y Schletcher, H., “Mercado Laboral Chileno para la Cuarta Revolución Industrial, Documento de Trabajo n°59, CLAPES UC, 2019.

[13] Artículo incluido en Foxley, Alejandro y Stallings, Bárbara (editores), Cómo avanzar más allá del ingreso medio, Santiago: Center for Latin America and Latino Studies – CIEPLAN, 2014.

[14] Ibid., p. 35.

[15] Dato de la Prueba Pisa 2012 destacado en la contribución de Larrañaga, Osvaldo y Rodríguez, María Eugenia, “Educación y clases medias en América Latina”, incluido en Ibíd., p. 44. Patricio Meller entrega datos más recientes respecto a la prueba Pisa 2015 sobre niveles de rendimiento académico y brechas educacionales entre estudiantes pertenecientes a familias de altos y bajos ingresos, así como las brechas educacionales entre Chile y otros países para años más recientes. Ver Meller, Claves para la educación del futuro, op. cit.

[16] Foxley, op. cit., p. 44.

[17] Dato de la Prueba Pisa 2012 destacado en la contribución de Larrañaga y Rodríguez, op. cit.

[18] Foxley, op. cit., p. 45.

[19] Ibid., p. 46.

[20] Ibid., p. 48.


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