Valparaíso y la electromovilidad

La revolución global de la movilidad ya ha comenzado. Muchos países plantean en el corto plazo terminar con las combustiones. Este cambio nos está pasando por encima. Valparaíso debe despertar a la movilidad eléctrica sustentable.

El año 2024 encuentra a Valparaíso increíblemente maltratado: edificios deshabitados, incendios, comercios quemados, gran cantidad de familias en asentamientos precarios, bancos y agencias de aduanas que se retiran, locomoción en crisis y muchos otros factores en detrimento para la vida. En una ciudad que tiene las casas centrales de cuatro universidades públicas, con miles de profesores y estudiantes, que es capital de la música, tiene barrios muy deteriorados como patrimonio de la humanidad, centros culturales que se esfuerzan por levantar propuestas propias y que, de todas formas, a la pregunta a chilenos de otras regiones, sobre dónde les gustaría vivir, Valparaíso anota la primera prioridad en el país.

Valparaíso aun se percibe como una ciudad mítica, amable, susceptible de ser amada, con un clima casi perfecto, y un territorio altamente vinculado al Pacífico como paisaje, aún inalcanzable para sus ciudadanos, dado que aun está bloqueado o mal habilitando el borde costero para los habitantes. Aun así, Valparaíso, que todavía no tiene aeropuerto internacional, cuenta con todo el potencial para ser una capital mundial de la cultura, las universidades, la transformación digital y el turismo global.

En todo esto hay detrás un factor de soporte que mejorará la calidad de vida de todos los habitantes y visitantes, al tiempo que mejora la calidad del aire, disminuye el ruido, mejora la seguridad y el desarrollo comunitario. Se trata de la electromovilidad. Una industria global impulsada por medidas contra el calentamiento global y disminución del CO2, N2O, CO, atmosférico, eliminación del carbono particulado y SO2 y orgánicos volátiles, todos ellos compuestos peligrosos para la salud ciudadana y que son liberados por la combustión de derivados del petróleo en nuestras industrias y vehículos motorizados. En Valparaíso, ciudad construida sobre cerros, habría que agregar que subir pendientes con motores de combustión emite mas ruido, gasta más combustible y libera aun más contaminantes.

Cuando Valparaíso tenía tranvías eléctricos, tren eléctrico y ascensores eléctricos, iluminada por electricidad, con un tren a Santiago conectado a toda América, prontamente eléctrico (1922-1924), estuvo cerca del sueño de Julio Verne, la ciudad eléctrica. Pero el siglo antepasado dejamos pasar la oportunidad y nos sumamos, como todo el globo, a la movilidad a combustión térmica de derivados del petróleo.

Ahora, con la presión ejercida sobre la industria por el calentamiento global, rápidamente en el último quinquenio renace el transporte eléctrico y viene una explosión global de energías renovables (eólica, solar, hidráulica, geotérmica). Ambas cosas aseguran una movilidad limpia y desatan nuevas demandas de materiales como el neodimio para los imanes de los motores, el litio, el cobalto y por supuesto, mucho cobre (todo de gran impacto para Chile).

La revolución global de la movilidad ya ha comenzado. Muchos países plantean en el corto plazo terminar con las combustiones. Este cambio nos está pasando por encima. Valparaíso debe despertar a la movilidad eléctrica sustentable. Para que esto se desarrolle se deben planificar muchas cosas.

De partida, hay que sumarse a la idea global del transporte integrado, lo que permite controlar tarifas y evita la multiplicidad de valores y formas de pago. Valparaíso está aun lejos de tal cosa y no se ve por ninguna parte un avance en electromovilidad: no hay cargadores ciudadanos, ni un desarrollo de fuentes renovables cercanas y eficientes. Valparaíso dispone de una buena cantidad de días soleados al año. Tras las partes altas de la ciudad la energía eólica abunda de sobremanera. La ciudad está en la costa y las energías oceánicas, ya sean olas, mareas o diferencias de temperatura está allí esperando su desarrollo. El desarrollo de las energías renovables irá en paralelo con la electro movilidad sustentable.

El transporte plan-cerro (0 a 300 metros sobre el nivel del mar) es el gran desafío. Las ideas en desarrollo vienen de la mano de los teleféricos, una solución que ha cambiado la cara, por ejemplo, de Medellín en Colombia, una ciudad que tenía el mayor cartel de drogas de américa, con una violencia y terror inusitados. La construcción de teleféricos, donde en cada pilar o estación se ubicaron centros culturales, internet ciudadano, comercio, colegios y museos, en pocos años lograron disminuir la violencia, un cambio cultural en sus ciudadanos, en especial de los barrios remotos encumbrados en los cerros, como sería en Valparaíso. Igual cosa está ocurriendo entre Alto La Paz y el centro de la ciudad capital de Bolivia. Una inversión del Estado que ha podido cambiar completamente la cara del territorio en la movilidad de su gente.

Ha habido planes para un teleférico plan de Valparaíso-Placilla. Hoy la conectividad entre estos dos territorios de Valparaíso es remota, a petróleo, peligrosa y totalmente insustentable en energía, tiempos de traslado y los enormes tacos de automóviles.

Urge también una red de teleféricos que unan el plan de la ciudad con sus 40 cerros poblados, muchos en sus partes mas altas con poblaciones completas de campamentos irregulares, que requieren una oportunidad de conectividad, la principal puerta al desarrollo ciudadano.

También hay trayectos cortos, que históricamente fueron atendidos por una red de ascensores que subían a la cota 50, algunos un poco más. Eran 22 ascensores, que se encuentran hoy con graves problemas de mantención y actualización. Valparaíso fue una notable ciudad por sus ascensores, todos eléctricos, que ayudaron a la expansión de la ciudad entre los siglos XIX y XX. Estas máquinas mejorarían la conectividad entre el plan y la base de los cerros.

Esta red de ascensores se alimentaba un siglo atrás por tranvías con caballos y luego fueron maquinas eléctricas de hasta dos pisos. A mediados del siglo XX surge el transporte eléctrico en trolebuses, hoy en día en serias dificultades de operación y reconocidos como patrimonio.

De paso el tren eléctrico de Valparaíso a Santiago conectaba con la ruta del tren a Mendoza (destrozado en buena parte). Y de allí a Latinoamérica, conectaba con ferrocarril hacia el norte del país, también destrozado, y finalmente por un túnel en Matucana, Santiago, conectaba directamente con el ferrocarril central al Sur. Lejos estamos de esas hazañas de transporte del siglo pasado, todas destruidas en la dictadura militar para dar paso al transporte en camiones, las vías concesionadas y los peajes.

Valparaíso tuvo una conectividad de transporte ferrocarrilero, con todo el país y con América. Hoy en día, mientras EEUU, la UE, China y Japón, por dar ejemplos, tienen redes de ferrocarriles funcionales de carga y pasajeros de muy alta demanda, Chile intenta reconstruir y mejorar sus trazados, agregando tramos cortos interciudades, importando trenes de alta velocidad. Valparaíso aun no recupera su conectividad ferroviaria, siquiera hasta la ciudad de Calera, con planes para llegar a Santiago que se han estirado más de la cuenta.

Luego de los teleféricos y los trenes el mundo esta cambiando aceleradamente a los autos eléctricos y los buses eléctricos, Valparaíso requerirá redes de estaciones de carga sustentables para automóviles, buses, camiones, incluso bicicletas eléctricas, con sus respectivas ciclovías, que han demostrado ser las que más impacto han tenido sobre el CO2 ciudadano en el mundo. Vienen también, aceleradamente, los aerotaxis, el transporte por los aires a bajas altura, los barcos y lanchas eléctricas. Todo un mundo electromóvil.

Valparaíso tiene el problema de la mala movilidad. También tiene, sin desarrollo, grandes fuentes de energía sustentable, pero, el mundo globalizado ofrece la tecnología de autos, buses, camiones, trenes, teleféricos, bicicletas, estaciones de carga, colectores fotovoltaicos maquinas eólicas. Está todo disponible para la electromovilidad, pero faltan profundas decisiones políticas, visión e inversión del Estado y privados y, sobre todo, una decisión ciudadana informada al respecto de la electromovilidad, que lleve a un plan estratégico de desarrollo, y que debiese cumplir el sueño de casi 2 siglos: Valparaíso, ciudad eléctrica.

Pedro Serrano R.
Director Unidad de Arquitectura Extrema, UTFSM. Presidente de Fundación TERRAM para el desarrollo sustentable. Socio del Foro de Altos Estudios Sociales Valparaíso

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