Crisóstomo Pizarro, director ejecutivo del Foro Valparaíso: “La pandemia estaría precipitando y agravando una especie de colapso avanzado del sistema actual”


Estamos en el cuarto mes del inicio de la pandemia de Covid-19 en la ciudad de Wuhan, y continúa la incertidumbre con respecto a su evolución: comercios cerrados, estudiantes sin clases, enormes caídas de la producción y una curva de contagio que todavía no se avizora que se vaya a aplanar.

Sobre éste y otros temas relacionados conversamos con Crisóstomo Pizarro, director ejecutivo del Foro Valparaíso. Le preguntamos si su nuevo libro ¿Existen alternativas a la racionalidad capitalista? -que Ediciones Universitarias de Valparaíso publicará próximamente-, contenía alguna discusión sobre los efectos de las pandemias en la evolución del capitalismo, y qué posibilidades tendrían los Estados y la sociedad civil para responder a este tipo de crisis.

Sus respuestas apuntan a que la pandemia no puede entenderse bien y resolverse adecuadamente, si no se piensa como un hecho que precipita una crisis sistémica mayor “larvada” en un prolongado periodo. En ese sentido no oculta la influencia que ha tenido en su visión Immanuel Wallerstein, quien fue su profesor en la Universidad de Columbia. Por eso cree que el sistema vive una transición que dará lugar a nuevas formas de ordenamiento global. Una parte importante de su libro trata de definir lo que llama una nueva forma de pensar y vivir, describiendo los cambios que esto implicaría en las orientaciones de valor que dan sentido a la vida de las personas y en los sistemas políticos y económicos. En el diagnóstico de la crisis sistémica y sus posibles soluciones también presenta los puntos de vistas de otros autores que piensan que el capitalismo aun podría sobrevivir si sus defensores tuviesen la lucidez suficiente para transformarlo en una verdadera democracia social global.


Don Crisóstomo, ¿era esperable una pandemia que parece desbordada y que está generando enormes costos económicos y en vidas humanas?

La pandemia estaría precipitando y agravando una especie de colapso avanzado del sistema actual. La pandemia se suma entonces a una serie de condiciones que se han larvado en un prolongado periodo. Estas condiciones dicen relación con la intrínseca contradicción entre la razón de ser del sistema, esto es la incesante búsqueda de la acumulación de capital y el avance del proceso de democratización.

Permítame interrumpirlo. ¿por qué dice que la “razón de ser del sistema” es la incesante búsqueda de acumulación de capital?

En su último análisis de la crisis del capitalismo histórico, Wallerstein sostiene que la condición sine quanon para su existencia reside en la incesante acumulación de capital. Descarta así otras condiciones: primero, la existencia del trabajo asalariado, porque ha existido por miles de años antes del sistema-mundo moderno, y porque hoy hay más trabajo no asalariado que trabajo asalariado. Segundo, la producción para lucrar, porque ha existido antes por miles de años, aunque nunca llegó a ser la realidad dominante en ningún sistema histórico. Tercero, la existencia del “mercado libre”, porque nunca ha existido como una institución libre de la intervención estatal. Al contrario, el capitalismo es impensable sin el apoyo del Estado y la creación de cuasimonopolios.

¿A qué se refiere con la acumulación de capital?

Me refiero a la reserva de bienes de consumo, maquinaria, o derechos de propiedad sobre bienes materiales en forma de dinero, con el objetivo primordial de su propia expansión. Se acumula para poder seguir acumulando.

Ahora, volviendo a la pregunta inicial, la pandemia ha hecho trizas los delgados velos que ocultaban la fragilidad de un sistema carente de los recursos públicos comprometidos con el bienestar de la humanidad e imprescindibles para poder controlarla. Esta afirmación vale para toda la sociedad global y comprende a la economía- mundo y a los Estados nacionales, considerados como los más ricos y poderosos del planeta. En nuestro lenguaje, se trata de los Estados centrales de la economía-mundo capitalista. De esa fragilidad tampoco está exenta las Naciones Unidas. Nuestras instituciones padecen de un déficit crónico de recursos financieros, humanos, materiales y acervo de conocimientos científicos y tecnológicos suficientemente desarrollados  para poder controlar la crisis sistémica precipitada y agravada por la pandemia.

¿Existen alternativas a la racionalidad capitalista? se titula el nuevo libro de Crisóstomo Pizarro

 El Foro Valparaíso ya se ha referido a algunas de las características de la actual pandemia en Chile y en el mundo. Hemos presentado tres entregas especiales sobre COVID-19 en las que socios y amigos nuestros describen los efectos globales de la pandemia, dilemas y desafíos.

Rodrigo Navia, profesor de la Escuela de Negocios y Economía de la PUCV también se ha referido a la pandemia en una columna publicada por el Foro. En ella destaca la importancia de abordar las relaciones entre economía y salud en una perspectiva de mediano y largo plazo, más allá de la coyuntura.

Pese a que mi libro ya estaba editado antes de la aparición del COVID-19, al referirme al análisis de sistemas-mundo – propuesto por Immanuel Wallerstein y otros practicantes de la llamada macrosociología histórica -, señalo que ellos ya en 2013  habían situado a las pandemias como una de las posibles causas que podría conducir a una eventual crisis del “capitalismo histórico”. El calificativo  histórico es importante porque permite distinguirlo del capitalismo como doctrina. Ésta conceptualiza su ideal de sociedad y el anterior contrasta ese ideal con la cruda realidad consistente en una larga historia de promesas incumplidas.

Para entender mejor, ¿podría explayarse un poco más en las características del análisis de sistemas – mundo?

Sí. El análisis de sistemas-mundo sostiene que el capitalismo histórico es una economía-mundo conformada por Estados centrales, semiperiféricos y periféricos entre los cuales predominan relaciones económicas de intercambio desigual y cuya evolución puede remontarse a mediados del siglo XVI en Europa occidental, y que hoy se ha expandido a todo el globo, siendo su razón de ser la incesante acumulación de capital.

 El término “histórica” con el que se califica a la macrosociología ¿se origina por el reconocimiento de la prolongada historia a de la evolución del sistema capitalista?

La pregunta es muy pertinente porque otra de las características del análisis de sistemas-mundo es la distinción entre diferentes tiempos sociohistóricos.

Un tiempo es “La longue durée” que puede definirse como el tiempo estructural que comprende  el nacimiento, vida y muerte de un sistema. Otros tiempos son los ciclos Kondrátieff que representan los movimientos de expansión y contracción de la economía-mundo dentro de sus estructuras. Estos  se entienden como propios de la evolución  del sistema y durante su larga historia los ciclos de contracción no son asimilables  a una crisis como la que estamos viviendo hoy. Otro tiempo corresponde a los ciclos hegemónicos que definen el predominio de una potencia sobre las otras con el objetivo de asegurar la fortaleza de los factores condicionantes de la incesante acumulación de capital.

Entonces, ¿estaríamos hoy llegando a una crisis estructural que marcaría en consecuencia el fin del tiempo estructural?

Sostenemos que hoy puede afirmarse que estaríamos observando una crisis sistémica debido al agotamiento de las fuentes de acumulación del capital

Pero esa afirmación es un poco general…

Concuerdo, ya que debemos distinguir cuáles son los factores del agotamiento de las fuentes de acumulación. Wallerstein distingue varios factores condicionantes de ese agotamiento. Uno es la oposición de los trabajadores a la reducción de sus salarios y beneficios sociales. Más aún, sus demandas por mayor bienestar social y su expresa preferencia por la aplicación de impuestos progresivos para financiarlas, redundan en la disminución de las ganancias del sector capitalista. También hay que tener en cuenta las amplias demandas de movimientos sociales y políticos exigiendo a los actores económicos asumir el financiamiento de las medidas tendientes a controlar los desequilibrios ecológicos causados por el modo de producción capitalista. Todas las demandas de estos actores limitan la capacidad del sector capitalista para seguir externalizando los costos sociales, productivos y medioambientales asociados y crear y sostener cuasimonopolios para poder seguir acumulando capital, la razón de su existencia. Dichos factores dejan muy en claro la contradicción entre la razón de ser del sistema y el avance del proceso de democratización.

Y cuando llegamos a ese punto, ¿qué puede esperarse?

Puede esperarse el ingreso del sistema a una fase caótica y de desequilibrios como los que estamos viendo hoy. Esta fase ha sido precipitada por la pandemia, pero también ha sido condicionada por otros factores de larga data como aquellos relacionados con el agotamiento de las fuentes de acumulación del capital y oposición para democratizar el sistema en sus dimensiones económicas sociales y políticas, ya mencionadas.

¿Qué vendrá después de la crisis?

La crisis nos podría conducir a un proceso de bifurcación histórica, cuyo destino es incierto. No podemos saber si el nuevo sistema será mejor o peor, pero podemos estar seguros de que no será el mismo que hemos conocido hasta hoy.

Algunos de estos aspectos ya los había tratado en el libro Immanauel Wallerstein: Globalización de la economía mundo capitalista. Perspectiva de largo plazo, prologado por el mismo Wallerstein (FCE 2016)

Así es, pero ese libro sólo está centrado en el análisis de Wallerstein. Como señalé anteriormente, en 2013 varios practicantes de la macrosociología história anticiparon la eventual ocurrencia de pandemias. Ese año, en el libro Does capitalism have a future? Immanuel Wallerstein, Randall Collins, Michael Mann Craig Calhoun y Georgi Derluguian destacaron que la incapacidad para controlar las pandemias, el antiguo enemigo de la humanidad, podría precipitar la crisis del sistema, a pesar de los logros de la medicina moderna. Ellos también se refieren de modo prominente al cambio climático y otros peligros semejantes: las hambrunas y el apoderamiento de armas nucleares, químicas y biológicas por terroristas, aunque rechazan la probabilidad de guerras nucleares entre Estados.

Como dije anteriormente, el Foro ha publicado bastante información sobre la pandemia en Chile y el mundo. Por esta razón en mis respuestas procuro caracterizar el marco analítico en el que debe situarse la pandemia. Esto lo hago en parte por mi discrepancia con algunos autores que piensan  que el sistema posee los medios necesarios para superarla sin que esto implique una gran transformación en sus fundamentos y modos de funcionar hasta ahora conocidos, ni mucho menos su crisis terminal .

¿Puede explicar más su rechazo a este punto de vista?

 A diferencia de los que rechazan la misma idea de discutir el futuro del capitalismo los autores de Does capitalism have a future? están predispuestos a discutir los mundos futuros posibles y deseables y en especial, las perspectivas del capitalismo. Esta actitud intelectual choca con la opinión prevaleciente desde el fin de la Guerra Fría en las corrientes posmodernistas y en la economía neoclásica. Para ellas, no vale la pena pensar en los cambios estructurales de largo plazo. La economía neoclásica basa sus modelos en el supuesto de que el universo social es fundamentalmente inmodificable. La existencia del capitalismo como sistema durante 500 años siempre habría demostrado su capacidad para superar las crisis del pasado mediante las políticas de ajustes y la innovación tecnológica. Esto es, sin embargo, sólo una generalización empírica, porque su renovada existencia secular no constituye la prueba de una vida eterna. Las distintas orientaciones postmodernistas de la década de los ochenta, surgidas de la frustrada revolución de 1968, la visible crisis del comunismo soviético y el relanzamiento de las ambiciones hegemónicas de los Estados Unidos, también contribuyeron a compartir el mismo supuesto de la existencia permanente del capitalismo, aunque esto no ocurrió sin una gran dosis de desesperanza existencial.

 Llama mucho la atención que en la actual discusión sobre la pandemia se omita contextualizarla en el marco provisto por el análisis de sistemas- mundo propuesto por Wallerstein. En mi el libro se muestra como este autor ha estado develando como la profundización de las contradicciones del sistema durante los últimos cincuenta años han podido causar tanto daño en la vida de vastos sectores de la humanidad  Entre nosotros mismos, el llamado estallido social era una demostración contundente de la crisis sistémica. La crónica de esta crisis está aún pendiente  hasta que no profundicemos sus causas estructurales de larga duración. Cuando concluyamos esta tarea, bien podríamos llamarla  como la crónica de una muerte anunciada.

Por otra parte, la misma falta de disposición para analizar la crisis como un fenómeno global, induce a analistas y políticos a creer con gran ingenuidad que esa crisis se podría controlar y aún superar en el estrecho ámbito del Estado- nación. La crisis global necesita de una respuesta global. Una excepción notable a esta estrechez analítica es una columna reciente del Expresidente Ricardo Lagos titulada “Una solución global para una pandemia global”. Allí trata la propuesta de Gordon Brown de inyectar 8.000 millones de dólares para enfrentar la pandemia, así como recurrir a la reserva de divisas y a toda la capacidad de préstamo del FMI para hacer frente a la crisis económica mundial. En la implementación de la propuesta Ricardo Lagos destaca el papel que cabría desempeñar la Organización Mundial de la Salud , el FMI, el Banco Mundial, y los bancos centrales y regionales.

Entonces, volviendo a este marco analítico que usted quiere explicar, me gustaría preguntarle ¿todos los autores caracterizan del mismo modo la crisis de la economía global?

 No. Hay diferencias, pero sin perjuicio de las mismas, todos pronostican que en las próximas décadas o mucho antes, la “Gran Recesión de 2008” se nos revelará como el prólogo de un período caracterizado por sorprendentes shocks e inmensos desafíos. Esto sólo empieza a ser reconocido ahora por un limitado número de autores.

Algunos de estos desafíos nos parecerán nuevos, y otros muy viejos, pero todos traerán consigo dilemas políticos sin precedentes y muy difíciles elecciones políticas que moldearán la vida de los niños y jóvenes de hoy. Todo esto no puede considerarse como necesaria o solamente malo, porque también puede ofrecernos una oportunidad para hacer algo distinto de lo que se ha hecho por las generaciones pasadas.

¿Nos podría indicar brevemente cuáles son la diferencias más importantes entre los autores de Does capitales have a future?

Las diferencias entre ellos surgen de la ponderación del peso que cada uno de ellos otorga a los múltiples factores que condicionan la crisis sistémica. Todos concuerdan en el impacto del deterioro de los factores ambientales en una eventual destrucción de planeta, pero discrepan con respecto al momento en que esto podría ocurrir.

Por ejemplo, Collins y Wallerstein se basan en las proyecciones de la comunidad científica para afirmar que la crisis medioambiental no ocurrirá antes de 2100, aunque admiten que algunos países podrían sufrirla entre 2030 y 2050. De todos modos, ellos sostienen que el capitalismo en la forma en la que lo hemos conocido durante las últimas décadas -esto es en su expresión “neoliberal”-, se derrumbará cerca de 2040. Para Mann y Calhoun, la crisis medioambiental podría ocurrir alrededor de 2030, antes de que el capitalismo pueda adoptar medidas para asegurar su sobrevivencia. Sin embargo, Calhoun le atribuye más importancia a los riesgos sistémicos exacerbados por el capitalismo financiero.

¿Qué otros desacuerdos existen entre los autores de Does Capitalism have a future?

Antes de tratar esos desacuerdos, recordemos que anteriormente indiqué que para Wallerstein la caída del capitalismo estaba condicionada por un agotamiento de las fuentes de acumulación de capital y su incapacidad para revertir ese proceso. Él concluye que por esta razón, el actual sistema habría dejado de ser ventajoso para el sector capitalista.

 A diferencia de Wallerstein y Collins, Mann y Calhoun alegan que todavía existen razones para esperar que el capitalismo supere sus actuales contradicciones, aún cuando se admita la hipótesis de la declinación del capitalismo en Estados Unidos y Europa, y ya no hubiese trabajo disponible barato y los capitalistas no pudiesen más apoderarse de superganancias.

Pero ¿Cómo se conseguiría superar esas contradicciones?

Mann sostiene que el capitalismo aún posee recursos para “autointensificarse” mediante la innovación productiva, la profundización de mercados para el consumo y la globalización.  Esto ocurriría si se desplazara al “Resto del Mundo”. Solo una parte de la enorme población de India y China habría sido absorbida en un sistema postindustrial mínimamente regulado y este proceso todavía no se desarrolla en África, Asia Central ( las exrepúblicas soviéticas ) y Asia del Este ( principalmente Corea del Norte y Mongolia)

Pero este escenario enfrentaría problemas relacionados con el medio ambiente especialmente en China y en la India en donde la comunidad científica prevé los mayores desastres medioambientales.

La mayor productividad del trabajo y el aumento del consumo podrían compensar la caída de las ganancias del capital en occidente y generar un sistema reformado a escala global con mayor igualdad y derechos sociales ciudadanos para todos. Todo el planeta podría gozar el tipo de derechos que tuvieron los trabajadores en el período posterior a la Segunda Guerra Mundial. Esto significa que el capitalismo podría sobrevivir mediante una solución socialdemócrata.

Wallerstein y Collins no consideran que el surgimiento del resto del mundo contradiga su hipótesis de la caída del capitalismo. Muy por el contrario, la proliferación de nuevos capitalistas en los mercados globales o la movilidad global de una competitiva nueva clase media educada agravará los problemas del capitalismo.

No me ha hablado de lo que piensa Derlugian, ¿concuerda él con el análisis de Wallerstein o no?

Derlugian concuerda con Wallerstein en que la crisis se desencadenará por las contradicciones entre el sistema económico y el proceso de democratización, más que en el campo de la geopolítica en la forma de guerras mundiales. Esto ocurrirá principalmente en los países centrales con tradición democrática y existencia de movimientos sociales que demanden el control público de la propiedad privada de las corporaciones más que políticas relacionadas con el desarrollo del poder militar. Puede esperarse entonces la formación de coaliciones políticas movilizadas por un programa de izquierda liberal comprometido con el ideal de una justicia universal.

Crisóstomo Pizarro C.
Director Ejecutivo del Foro de Altos Estudios Sociales Valparaíso.

Para este autor, una de las principales lecciones del estudio de la caída del bloque Soviético y de la Primavera de Praga, es la necesidad de considerar muy seriamente los programas económicos y políticos así como también la formación de coaliciones y la disposición a hacer concesiones que minimicen la incertidumbre de la transición a otra forma de organización de los sistemas políticos y económicos. Este probable desarrollo no obstaría a la ocurrencia de reacciones xenofóbicas, porque en un mundo globalizado las luchas de clase adquirirán ineludiblemente dimensiones raciales, religiosas y étnicas prominentes. Por otra parte, los nacionalismos extremos probablemente tratarán de llevar la cohesión y el control policial a su máxima expresión mediante el empleo de nuevos medios tecnológicos.

Dadas sus respuestas, ¿qué propone Usted para la formación de una sociedad global no dominada por la llamada racionalidad capitalista?

Esta es una discusión que cobra cada día más importancia. Sólo resumiré algunos de los temas principales abordados  en la última parte del nuevo libro, titulada “Otra manera de pensar y vivir”. Allí se señala que el análisis crítico del sistema debe dar paso a la discusión de políticas alternativas a la racionalidad capitalista. Es necesario librarse del sueño con recuperar el crecimiento económico habitual para entrar en una transición social, cultural, política y ecológica hacia menores niveles de uso de materias primas y energía. En este tipo de reflexión debemos inscribir las propuestas de políticas de decrecimiento, así llamadas sólo para acentuar sus diferencias con el insensato objetivo de perseguir el crecimiento por el crecimiento, pero que ciertamente no deben entenderse como crecimiento negativo.

Está bien. Pero ¿cómo se logra que esta reflexión crítica sea aceptada por las personas que han sido exitosamente socializadas en los valores de la cultura dominante?

Esto supone la definición de una contracultura capaz de definir nuevos valores que procuren fundamentar el sistema mediante la apelación a otros principios, como la calidad de la vida, la subordinación de la acción económica a la satisfacción de las necesidades de uso y consumo, la universalización de los beneficios generados por las instituciones económicas. La elaboración de la contracultura es impensable sin la socialización de la crítica a los supuestos en que descansa la economía convencional.

¿Podría ampliar un poco más su respuesta con respecto a esos supuestos?

Se trata del supuesto de que las personas sólo pueden ser motivadas por incentivos materiales, ignorando que ellas también pueden actuar -y de hecho así lo hacen muchas veces, y lo están haciendo ahora mismo en medio de esta pandemia-, por otros motivos relacionados con los valores de la solidaridad. En este caso, los agentes económicos subordinarían lo que los economistas llaman preferencias de primer orden a metapreferencias que responden a valores que el mercado no es capaz de satisfacer. Otro supuesto es el principio de la escasez de los recursos. No se considera que, en los seres humano, la capacidad de autoevaluación y discernimiento sobre las propias preferencias tiende a acrecentarse mediante su uso, en vez de agotarse. También aumenta mediante su uso el espíritu cívico en contraposición a los intereses egoístas. Si se considera esta crítica,  habría que estar dispuesto, además, a aceptar dos tipos de tensiones al interior del ser humano, entre las preferencias inducidas por el mercado y la posibilidad de que estas sean sometidas a una reflexión crítica. Esto obliga entonces también a distinguir entre acciones instrumentales destinadas a lograr resultados concretos y medibles y las acciones no instrumentales destinadas a expresar y a afirmar los valores en que se cree.

Son muchos los economistas que todavía siguen pensando que la “sociedad buena” sólo depende del interés individual, como sostenía Adam Smith, o de las “fuerzas humanas más fuertes”, como argüía Alfred Marshall. Esto es creer que el orden social está más seguro cuando se construye sobre el interés que cuando se construye sobre la benevolencia. Cuando se iguala el valor del espíritu cívico a la noción de recurso escaso es evidente que es necesario economizarlo. Albert Hirschman dice que esta analogía no es solamente inadecuada, sino también “absurda” y “cómica”.

Para Habermas y Rawls, el valor de la solidaridad debiera entenderse como un deber surgido de un sentido de la justicia que pueden desarrollar todos los seres racionales, razonables y libres. Distinto es decir que el mercado se ha encargado de fomentar una cultura individualista y privatizadora cuyo propósito es desincentivar la discusión política y erigir la conciencia tecnocrática como sustituto de la conciencia política y moral.

¿Qué otros aspectos pueden considerarse como condiciones que favorecerían la nueva manera de pensar y vivir?

Bueno, pienso que ya ha quedado relativamente claro que la nueva racionalidad no es concebible sin el avance del proceso de democratización, lo cual comprende todos los niveles de organización política, desde lo local, pasando por lo regional hasta la sociedad global. El libro se concentra en esta última dimensión.

La prefiguración de un nuevo proyecto democrático de dimensiones universales debería asumirse como una tarea “utopística” la cual comprende la satisfacción de varias condiciones que la utopía desconoce : una de ellas es el ánimo y el esfuerzo por comprender el conocimiento crítico acumulado por  las ciencias sociales y la reflexión filosófica y moral sobre el desarrollo y actual estadio de la evolución de la sociedad . La satisfacción de esta condición nos capacitaría para asumir el análisis de las limitaciones y constreñimientos que impiden la realización de nuestra idea acerca de la sociedad justa y buena y las actuales alternativas históricas que es necesario promover. Otra condición es no desviarse de esta orientación por una estrategia de cortísimo plazo centrada en la conquista del aparato del Estado. Esto es lo que predomina en la discusión criolla sobre la actual crisis. Imaginar las alternativas institucionales para un nuevo orden político global demandaría superar las supuestas antinomias entre determinismo y libertad de acción, estructura y agenciamiento, global y local, macro y micro. Hay que “impensar” (unthink) las viejas estrategias y análisis del pasado que están muy marcados por la ideología dominante de la economía capitalista.

El ejercicio utopístico requiere estar dispuesto a resistir la crítica neoconservadora y neoliberal sobre la supuesta improductividad que caracterizaría a los intelectuales. Los valores relacionados con la satisfacción de las necesidades expresivas de autorrealización y los juicios críticos propios de una moral ilustrada universal son considerados como una amenaza a las motivaciones propias del funcionamiento de una sociedad basada en el trabajo y en una esfera pública despolitizada.

Dada la polarización económica, social y demográfica del sistema-mundo, la discusión de las alternativas para la construcción de un orden democrático a escala mundial también debe considerar el conflicto entre las zonas centrales y las zonas periféricas y semiperiféricas de la economía-mundo.

Aparte de las condiciones para el desarrollo de un nuevo orden político global que Usted ya ha descrito ¿Puede decirnos algo específico sobre ese orden?

Cuando se discute el nuevo orden global, dos problemas resultan especialmente importantes: las formas que el nuevo orden político y económico mundial debería asumir y quiénes serían los actores de la sociedad global con las capacidades necesarias para promover la formación de ese nuevo orden.

Con respecto a la transformación del orden político global hay que mencionar las propuestas para democratizar el Consejo de Seguridad; los proyectos de democracia cosmopolita en las versiones de Luigi Ferrajoli y de Jürgen Habermas sobre el constitucionalismo mundial; la propuesta de David Held sobre una social democracia global y los objetivos contenidos en “Otro mundo es posible” proclamados por el Foro Social Mundial (FSM).

En cuanto a los actores de estas reformas, uno de los principales obstáculos ha sido el propio Consejo de Seguridad que siempre ha sobrevalorado los aspectos políticos y militares por parte de los miembros permanentes y ha dado una escasa atención a los temas sociales y del desarrollo. Los miembros permanentes (EEUU, China, Rusia, Reino Unido y Francia) se han opuesto sistemáticamente a cualquier intento de los secretarios generales por reformar las Naciones Unidas. La Unión Soviética desconfiaba tanto de Dag Hammarskjöld, que incluso propuso la existencia de ¡dos secretarios generales! Estados Unidos impidió la reelección de Boutros-Ghali, uno de los más connotados secretarios generales que ocupó ese cargo entre 1992 y 1996, acusándolo de ser “demasiado independiente”, y Kofi Annan, que se opuso a la invasión estadounidense de Irak en 2003, debió enfrentar múltiples dificultades durante su mandato. Esto muestra la dependencia de las Naciones Unidas respecto de la política exterior de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad.

Los elders (“antiguos”), un grupo de líderes caracterizados por su lucha a favor de la paz y el respeto de los derechos humanos, que presidió Kofi Annan, reconoció las dificultades para abolir el derecho a veto o la ampliación del número de miembros permanentes del Consejo de Seguridad. Por lo mismo, sus propuestas apuntaron a la renuncia a este derecho en caso de crímenes contra la humanidad; la renovación de la permanencia de los Estados no permanentes del Consejo de Seguridad; una mayor independencia y la extensión del mandato del secretario general a siete años sin derecho a reelección, y una mayor participación de los actores sociales ante las Naciones Unidas. Sin embargo, la aprobación de dichas propuestas depende de la anuencia de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad.

Un segundo tipo de reformas está dirigido a dotar a las Naciones Unidas de nuevas competencias capaces de regular los problemas distributivos existentes en la economía global. Se trataría de equipararla en importancia y extensión con los mercados globales. Los problemas y conflictos distributivos entre naciones surgidos de la creciente desigualdad en la distribución de la riqueza han sido hoy agudizados por las crisis medioambientales y la apropiación privada de recursos escasos, como el agua y otros.

Si las Naciones Unidas estuviesen dotadas de efectivas competencias políticas podrían reorganizar las relaciones de solidaridad tanto a escala internacional como dentro de las naciones. Esto significa una especie de constitucionalismo mundial en los términos propuestos por Ferrajoli y Habermas. El debilitamiento de los Estados en el ámbito internacional, debido a la nueva dinámica de transformaciones del proceso de globalización, muestran que la regulación de las desigualdades existentes en el mundo y la garantía de los derechos sociales —educación, salud, trabajo, salario justo, subsistencia, protección del medio ambiente, entre otros— demandan cada vez más una efectiva autoridad política mundial. Si a eso sumamos la permanente migración desde la periferia de la economía mundial a sus centros más desarrollados, apreciamos mejor que una verdadera garantía de los derechos fundamentales de tipo social exige la formación de un constitucionalismo mundial.

¿Estas son todas las propuestas de reforma que aborda en su libro?

 No. Habría que añadir una iniciativa procedente de las mismas Naciones Unidas muy concreta, como lo es la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Entre sus énfasis más importantes sobresalen la definición de medidas para financiar el desarrollo, promover la inversión; mejorar la cooperación internacional en ciencia, tecnología e innovación; y aumentar el intercambio y difusión de conocimientos mediante un mecanismo mundial de facilitación de la tecnología.

El gran objetivo síntesis de la Agenda 2030 es poner fin a la pobreza y lograr el desarrollo sostenible mediante la promoción del crecimiento económico inclusivo, la protección del medio ambiente y el fomento de la inclusión social. Estos objetivos se pormenorizan en 17 objetivos muy específicos y operacionalizan en 169 metas. La orientación claramente progresista del Consejo Económico y Social -promotor de estos objetivos-, contrasta totalmente con la resistencia del Consejo de Seguridad para democratizar las Naciones Unidas

¿Cómo podemos incluir a otros actores en el proceso de reforma de las Naciones Unidas?

Bueno, los elders precisamente reclamaron por una mayor participación de los actores sociales en las Naciones Unidas. A diferencia de las propias Naciones Unidas los elders ven en los actores sociales una mayor predisposición al cambio que la que podrían tener los propios incumbentes de la organización que se trata de reformar. Un actor importante en este sentido es el Foro Social Mundial. Este foro podría considerarse como uno de los actores de la sociedad civil global con mayores competencias para promover ese orden.

En varias de sus respuestas Usted ha hablado de reformas financiadas con impuestos progresivos. ¿Podría referirse más detalladamente sobre este tema que suscita tanto debate?

Hay que decir que en el mundo y en Chile este tema es causa de grandes debates. El libro discute en siete capítulos la reacción secular a la reforma social financiada con impuestos progresivos. La estructura lógica de la oposición a la reforma social y su financiamiento ha sido resumida por Albert Hirschman en las tesis de la perversidad, futilidad y riesgo. También se aborda la forma en que esas tesis han sido utilizadas por los partidos de derecha y sus técnicos para oponerse a la reforma tributaria del primer gobierno de la Concertación y del gobierno de la Nueva Mayoría en Chile. Esta parte expone además las razones que permitirían considerar el Protocolo de Acuerdo suscrito entre el Gobierno y la oposición como una forma de subordinación de la reforma tributaria a la racionalidad del mercado, y potenciales perjuicios a los principios de la justicia distributiva.

Este asunto también ha sido abordado por mis colegas Alejandro Foxley y Ricardo Ffrench – Davis. De hecho, el mes pasado publicamos en el sitio web del Foro una columna de Ricardo Ffrench Davis sobre este tema.

Pero no nos dice lo que ellos piensan en torno a los impuestos progresivos

Foxley y Ffrench-Davis son economistas expertos en el tema. No es fácil comprimirlos en un apretado resumen. En mi nuevo libro abordo sus puntos de vista con mucho más detalle.

Prefiero resaltar las razones de la importancia de los impuestos progresivos desde una perspectiva global. Esto queda en evidencia cuando se constata que el enorme aumento de la riqueza neta privada ha correspondido a una enorme caída de la riqueza neta pública. A mayor riqueza privada, menor competencias del Estado para regular la desigualdad.

¿Como demuestra esta afirmación?

Primero hay que reconocer que en casi cuatro décadas -1980-2016- el 1% más rico de Europa continental y Estados Unidos percibía el 10% de los ingresos del mundo. En 2016 esta cifra se elevó a un 12% en Europa Occidental y a un 20% en Estados Unidos. Contrariamente, en este mismo país, los perceptores del 50% de menores ingresos descendieron de un 20% a un 13%.

Entre los factores que influyeron en Estados Unidos en este tipo de evolución hay que destacar la desigualdad educativa que se desarrolló en el marco de un sistema tributario cada vez menos progresivo, y en un incremento significativo del ingreso del capital entre los grupos mejor remunerados.

El menor aumento de los ingresos del 1% más rico en Europa continental ¿tiene que ver también con la misma causa?

Claro que sí, porque en Europa continental el deterioro de la progresividad del sistema tributario fue menor, y por eso también el aumento del 1% más rico en la distribución del ingreso fue menor. Al mismo tiempo en Europa continental las políticas educativas y salariales fueron más favorables a los grupos de ingresos medios y bajos.

Si ahora uno examina la desigualdad entre los habitantes del mundo, hay que señalar que el 1% más rico dobló los ingresos en comparación con el 50% más pobre. La participación de la clase media conformada por los individuos situados en los deciles 6-9 en la distribución global del ingreso y que abarca el 50 % de la población de Estados Unidos y la Unión Europea, se contrajo.

¿Cuál es la situación cuando se compara la distribución total de la riqueza entre lo público y lo privado y no tan solamente la evolución del ingreso de los más ricos y la clase media?

Durante casi medio siglo -1970-2016- la riqueza privada neta en la mayoría de los países ricos subió desde el 200% -350% del ingreso nacional a un 400%-700%. Cabe resaltar que en Rusia se triplicó, mientras que en China se cuadruplicó.

Al mismo tiempo, la riqueza pública neta en China y Rusia descendió del 60-70% del ingreso nacional a un 20-30%. En Estados Unidos y el Reino Unido, la evolución de la riqueza pública neta fue negativa.

Japón, Alemania y Francia apenas consiguieron un aumento positivo, siendo Noruega la única excepción importante debido a la magnitud de sus recursos petroleros y fondos soberanos.

La disminución de la riqueza nacional representa una limitación extraordinaria en la capacidad del sector público para regular la economía, redistribuir ingresos y mitigar el crecimiento de la desigualdad.

Esas cifras son casi increíbles

Sí, y de continuar las tendencias observadas, la distribución de la riqueza para 2050 tendría el siguiente perfil: la participación del 1% más rico del mundo en la distribución de la riqueza neta – en los cuales se considera a Estados Unidos, la Unión Europea y China -, ascendería de un 33% a un 39%, y el 0,1% más rico llegaría a concentrar el 27% de la riqueza neta, tanto como toda la clase media.

¿Como se podría controlar esta situación?

El control de esta situación no depende de decisiones técnicas solamente, ni principalmente. Las decisiones son políticas y tienen que ver con la calidad de la deliberación democrática acerca de la sociedad deseable y cuáles son las medidas más idóneas para alcanzarla. Entre éstas habría que destacar una regulación seria de los impuestos a las herencias, sucesiones y donaciones, las cuales son hoy irrelevantes o inexistentes en los sistemas tributarios del mundo. Este tema particular también es abordado por Ricardo French Davis en su última columna publicada por el Foro.

Otra decisión política es el establecimiento de un registro financiero global que dé cuenta de la propiedad de los activos financieros para limitar la evasión fiscal, el lavado de dinero, y el crecimiento de la desigualdad . También es necesario favorecer  el acceso igualitario a la educación, empleos bien remunerados, y salarios mínimos decentes. El progreso en estas últimas medidas depende en gran parte de la progresividad de del sistema tributario. Así lo demuestra la abundante evidencia empírica mundial disponible hoy día.

Siempre se discute en torno a las fuentes en las cuales tal o cual persona se basa para hacer este tipo de afirmaciones ¿Cuál es su fuente?

Todo esto es lo que destaca de manera clarísima el Informe sobre desigualdad global de 2018 elaborado por más de cien investigadores de cinco continentes, sustentado en 175 millones de datos, y disponibles gratuitamente en chino, inglés, francés y español para tres mil millones de usuarios. El informe es completamente financiado por fondos públicos y entidades sin fines de lucro.

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Comments

  1. Bien Crisostomo, excelentes puntos. en efecto esta crisis va a desatar un abismo en la economía tradicional, donde los números d la casa se convirtieron en la codicia insondable de unos pocos y eso se resquebrajó, aun no se rompe pare va para allá. Si a este fenómeno la sumas mi hipótesis de la posibilidad de la inteligencia artificial ay la robótica cubra todas nuestras necesidades de alimento abrigo, entretención etc. puede llegar un default del TRABAJO, ese trabajara que otros se hagan super super ricos, incluso podría empezar a hablarse de la inutilidad del dinero. O que el dinero lo ganas solo por existir dado que todo se produce por trabajo de”las máquinas” que además serían ambientalmente conscientes…Bien distópico el asunto.

    Ya en algunos países se esta pensando en repetir salarios por derecho , no por trabajo solo por ser ciudadano, para asi mover la ECONOMIA, algo que nuestro presidente esta insinuando cón sus sueldos solidarios.

    En resumen si el trigo lo siembra y cosechan robots en tierras globales ( que ya existen) la harina también se fabrica en proceso automático, el pan igual, quien va a comprar el pan si no produce dinero, o más aun el pan sería un derecho no pagado… Ufaaa, igual el proceso va creciendo y solo podemos especular y eso es gratis.
    pedro serrano

    • Crisóstomo Pizarro : Abril 27, 2020 at 5:03 pm

      Querido Pedro, si hubiese tratado el tema de la robótica y de la inteligencia artificial la entrevista habría sido mucho más completa. Gracias por tu comentario, saludos,

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